Entre Ficciones es mi cuaderno de exploración: un territorio en el que libros, arte y música se cruzan, y donde la frontera entre realidad e imaginación se desvanece.
Soy Mikel, habitante del umbral donde la realidad se disfraza de ficción.
Bestiario de ficciones

El castillo de Kafka como limbo
Este texto no pretende ser una reseña de El Castillo, sino un ensayo interpretativo que propone una posible lectura de la novela. I. El umbral: de El Proceso a El Castillo La ejecución de Josef K. en El Proceso suele leerse como un final abrupto, cruel y definitivo. Sin embargo, su verdadera violencia reside menos

El Golem – Gustav Meyrink
Sueño. Esa es la primera palabra con la que Gustav Meyrink abre El Golem, y también el estado en el que el lector se sumerge desde la primera línea. No es una novela que se lea como una historia con principio y fin, sino como una vigilia interrumpida por imágenes, voces y presencias que parecen

Diarios de las estrellas – Stanisław Lem
Algunos libros parecen escritos para hacer pensar, otros para entretener, y unos pocos —muy raros— logran ambas cosas con la misma soltura. Diarios de las estrellas pertenece a esa última categoría. Publicado en distintas etapas entre 1957 y 1971, este volumen es una de las obras más personales y sorprendentes de Stanisław Lem, el gran

Top 10 Power/Speed Metal alemán
Diez discos. Diez formas de entender el metal cuando aún era una cuestión de fe y no de algoritmos. Durante semanas he vuelto a recorrer los caminos del Power alemán, ese territorio donde la melodía no suaviza la rabia, sino que la eleva. He escuchado estos discos como se mira un fuego antiguo: reconociendo en

El grafógrafo – Salvador Elizondo
Algunos textos no se leen en el sentido habitual. Se ejecutan. El grafógrafo no propone una historia ni desarrolla una idea: pone en marcha un proceso, donde la escritura se observa a sí misma, se recuerda, se imagina y se contrae hasta borrar cualquier distancia entre el acto y la conciencia del acto. El yo

Gente muy antigua – H. P. Lovecraft
Gente muy antigua [1] no fue concebido como un cuento para el público, sino como una carta privada que Lovecraft escribió en 1927 a su amigo Donald Wandrei tras haber tenido un sueño particularmente intenso. Ese origen explica su rareza: más que narración con principio y final, es un fragmento de visión, un sueño transcrito