Sepultura – Schizophrenia

De la primera época de Sepultura, Schizophrenia parece haber quedado en una posición extraña. Por lo general, se suele hablar de él como el álbum de transición entre Morbid Visions y Beneath the Remains, una especie de prototipo todavía imperfecto de lo que llegaría un par de años después. Y, para ser justos, hay algo de verdad en ello. El disco no posee la crudeza casi primitiva, con aquellos tintes de proto-black metal, del primer larga duración de la banda, ni tampoco la precisión y el alcance de su sucesor. Sin embargo, reducirlo a un simple eslabón entre ambos significa pasar por alto precisamente aquello que lo hace especial: Schizophrenia captura a Sepultura en el momento en que comienza a adquirir herramientas musicales mucho más sofisticadas sin haber domesticado todavía su brutalidad.

Buena parte de ese cambio coincide con la llegada de Andreas Kisser. Su incorporación amplió considerablemente las posibilidades musicales del grupo, no solo por una mayor presencia de la melodía y una concepción más elaborada de los solos, sino también por la manera en que las guitarras podían relacionarse entre sí y desarrollar riffs más complejos. Al encontrarse con la brutalidad que ya caracterizaba a los hermanos Cavalera, aquellas nuevas posibilidades no suavizaron el sonido de Sepultura; hicieron que pudiera desplazarse en más direcciones. El resultado conserva algo salvaje y rudimentario, pero empieza a mostrar una ambición compositiva que apenas estaba insinuada en el material anterior.

El sonido sigue siendo demoledor. Las guitarras se apoyan constantemente en riffs rápidos y contundentes, la batería irrumpe con una violencia explosiva y las rupturas rítmicas aparecen justo cuando una canción parece haber encontrado terreno firme. Los riffs son aplastantes pero pegadizos, mientras los solos avanzan de forma caótica y veloz sin renunciar por completo a cierta melodía procedente del heavy metal tradicional. Sobre todo ello aparece Max Cavalera, cuya voz está enterrada en la mezcla y cubierta por una suciedad que hace que sus alaridos parezcan surgir desde un agujero infernal. Las letras macabras y una producción áspera, turbia y todavía muy alejada de la contundencia que alcanzaría la banda poco después terminan de proporcionar al disco esa sensación de amenaza que impregna incluso sus momentos más elaborados.

Sin embargo, la verdadera singularidad de Schizophrenia no está únicamente en que sus riffs sean mejores o más complejos que antes, sino en la manera en que Sepultura construye las canciones con ellos. El disco ofrece numerosos ejemplos de ese procedimiento que a veces se describe despectivamente como “ensalada de riffs”: composiciones que conceden menos importancia a estructuras reconocibles de verso, estribillo y puente para avanzar mediante una progresión lineal de ideas. Un riff conduce al siguiente, aparece una ruptura, cambia el tempo y una nueva figura desplaza a la anterior antes de que el oyente haya terminado de acomodarse. Este tipo de construcción encontraría poco después un terreno especialmente fértil en el death metal, pero aquí Sepultura lo utiliza todavía dentro de una música inequívocamente arraigada en el thrash.

Eso explica por qué canciones como From the Past Comes the Storms, Septic Schizo, Escape to the Void y, sobre todo, la instrumental Inquisition Symphony transmiten una sensación tan particular de movimiento. Su impacto no depende únicamente de la calidad individual de los riffs, sino de cómo estos se suceden, chocan y se transforman. La acumulación podría haber producido canciones deslavazadas, pero ocurre algo bastante más interesante: cada sección parece empujar a la siguiente y la ausencia de retornos constantes a estructuras familiares genera una expectación permanente. Nunca sabemos exactamente hacia dónde va a girar el tema porque Sepultura parece más interesada en avanzar que en regresar.

Max, Andreas, Igor & Paulo Jr.

En Inquisition Symphony o To the Wall este planteamiento llega a producir algo parecido a la sensación de haber recorrido un viaje completo. Hay incluso un cierto carácter progresivo en esa forma de desarrollar las composiciones, aunque musicalmente Schizophrenia se encuentre muy lejos de lo que normalmente entendemos por metal progresivo. No hay necesidad de grandes secciones acústicas, crescendos cuidadosamente calculados ni exhibiciones de complejidad métrica: la sensación de desarrollo procede casi exclusivamente del ritmo, el fraseo, los cambios de tempo y, por encima de todo, de los riffs. Simplemente cuatro adolescentes de Belo Horizonte tocando con una intensidad arrolladora, pero descubriendo que esa intensidad podía organizarse de maneras cada vez más ambiciosas.

Procedimientos semejantes podían encontrarse en otras bandas thrash de aquellos años, desde la construcción cambiante de algunos temas de Megadeth y Voivod hasta la violencia fronteriza entre thrash y death de Possessed y Kreator, pero en Schizophrenia la acumulación adquiere una personalidad especialmente feroz. Los riffs llegan desde todas direcciones y los cambios repentinos de tempo y tonalidad mantienen al disco en un estado de inestabilidad casi permanente. Sepultura conservaría parte de esta manera de escribir en sus siguientes trabajos, aunque progresivamente aprendería a concentrarla dentro de estructuras más definidas. Los riffs continuarían siendo capaces de destrozarte el cuello, pero ya no volverían a existir exactamente dentro de este mismo equilibrio entre descubrimiento y descontrol.

Incluso hay momentos en los que Schizophrenia parece abrir caminos que Sepultura tardaría todavía varios años en recorrer. Screams Behind the Shadows se mueve entre la velocidad y la violencia del thrash/death y pasajes más pesados y machacones, apoyados en un pulso mucho más marcado, donde empieza a insinuarse esa importancia del groove que acabaría transformando profundamente el sonido de la banda durante la década siguiente. Sería exagerado escuchar aquí un borrador consciente de lo que llegaría con Chaos A.D., pero resulta fascinante comprobar que algunos de los recursos que Sepultura desarrollaría mucho después ya aparecen, todavía mezclados con otros elementos y sin constituir un lenguaje propio.

Quizá por eso llamar a Schizophrenia “álbum de transición” no sea realmente un menosprecio. Lo es, pero precisamente esa transición constituye buena parte de su identidad. Aquí conviven todavía el Sepultura primitivo, sucio y desbocado de los primeros años y la banda mucho más precisa, ambiciosa y devastadora que estaba a punto de aparecer. Beneath the Remains tomaría buena parte de esta agresividad y la introduciría en un lenguaje compositivo más disciplinado, consiguiendo un disco superior y, con el tiempo, mucho más influyente. Pero en el proceso inevitablemente desaparecería algo de este momento irrepetible en el que Sepultura parecía haber descubierto de pronto muchas más posibilidades de las que todavía sabía controlar.

Schizophrenia es un gran álbum que requiere varias escuchas para empezar a distinguir todo lo que sucede bajo su superficie, y cuanto más se conoce, menos convincente resulta considerarlo únicamente un prototipo de Beneath the Remains. Es el sonido de una banda que está aprendiendo a ser mejor sin haber aprendido todavía a contenerse, y precisamente de esa fricción nace buena parte de su personalidad. Los discos posteriores serían más precisos, más poderosos y seguramente mejores; pero pocos volverían a sonar tan peligrosamente cerca de perder el control.

Schizophrenia fue editado en Brasil por Cogumelo Records en 1987.

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Mikel

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