Entre Ficciones es mi cuaderno de exploración: un territorio en el que libros, arte y música se cruzan, y donde la frontera entre realidad e imaginación se desvanece.
Soy Mikel, habitante del umbral donde la realidad se disfraza de ficción.
Bestiario de ficciones

Una rosa para Emily – William Faulkner
Una rosa para Emily fue el primer relato publicado por William Faulkner, apareció en 1930 en el magazine The Forum. Es un claro exponente del gótico sureño, con algunas reminiscencias del estilo macabro de E. A. Poe. Es una historia ambientada en Jefferson, la capital del ficticio condado de Yoknapatawpha, donde transcurren la mayoría de la ficciones

Regina Tenebrarum – Un poema de Juan Eduardo Cirlot
La faceta poética de Juan Eduardo Cirlot quedó durante mucho tiempo eclipsada por sus ensayos sobre arte, simbología y música, hasta que sus hijas recuperaron su obra completa en tres volúmenes editados por Siruela hace ya algunos años. En esos libros se revela como un poeta de voz singular, ajeno a corrientes y modas. Su

No se culpe a nadie – Julio Cortázar
Era una mañana de Enero en el punto B-305, mientras finas hebras de un sol invernal atravesaban la ventana, inundando de luz la habitación, J y M remoloneaban adormilados en una cama, acompasados con el ritmo de un blues lento, cuyas notas fluctuaban en el aire acariciándolos. En un momento dado, J le propuso a

El camino no elegido – Robert Frost
Esta tarde me fui a dar un paseo por el bosque buscando un poco de tranquilidad, un viento fuerte y frío mecía violentamente las copas de los árboles provocando un sonido atronador. Más que relajarme, me estaba perturbando. Parecía como si millones de abejas furiosas se hubieran juntado en un gigantesco enjambre y el zumbido

El horror del túmulo – Un relato de Robert E. Howard
Aprovechando que es Halloween, Samhain, Gau Beltza, Víspera de Todos los Santos o como queráis llamarlo y que en esta época se estila pasar miedo, se me ha ocurrido contribuir a ello con un poco de terror. Hoy os traigo un relato del gran escritor de pulps: Robert E. Howard. A muchos no os sonará su nombre,

El ojo – Vladimir Nabokov
«Al fin y al cabo, para vivir feliz, un hombre tiene que conocer de vez en cuando unos instantes de perfecto vacío. Sin embargo, yo estaba siempre expuesto, siempre con los ojos abiertos; incluso cuando dormía no dejaba de vigilarme, sin comprender nada de mi existencia, me enloquecía la idea de no poder dejar de