«Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca».

Con esta frase tan contundente comienza Beltenebros, una novela negra escrita por Antonio Muñoz Molina en 1989. Beltenebros, nombre de resonancia quijotesca, oscuro y enigmático, tanto como la historia que aquí se nos presenta.

Una novela en la que nada ni nadie es lo que aparenta ser, una suerte de habitación llena de espejos, humo y claroscuros que no nos permite distinguir que es real y que es impostura.

Magistral prosa onírica.

Muñoz Molina nos introduce en la historia con una prosa extremadamente descriptiva, como si de una vieja película en blanco y negro se tratase, como si estuviéramos en un vetusto cine, sentados ante la pantalla observando la sucesión de imágenes creadas por el autor, en lugar de tener un libro entre las manos.

Una prosa cargada de melancolía y tristeza, como si al leer lo que aquí se nos cuenta, escarbara en las heridas y cicatrices que todos hemos ido acumulando a los largo de nuestras vidas y en la que afloran sentimientos que parecían enterrados. Preguntándonos si de verdad vivimos eso en algún momento pasado o sólo lo estamos imaginando.

Una prosa irreal, ambigua, onírica, como de sueño lúcido, en el que estamos rodeados de nuestros fantasmas y los de otros. Un sueño que a veces se convierte en pesadilla, cuando por un instante tenemos la certeza de que no estamos soñando, sino que estamos muy despiertos. Entonces el miedo y la desesperación se adueñan de nosotros porque todo es real, demasiado real.

Dicen que el pasado siempre vuelve y en esta historia no sólo se empeña en volver, sino que se enseñorea de manera brutal de las vidas de los que por ella transitan. Unos personajes que por momentos no pueden saber en que tiempo habitan, pues todo converge en un presente que parece que fue ayer y que por suerte o desgracia, nunca será mañana.

Un Madrid tenebroso y fantasmal.

Beltenebros es una novela muy negra, densa como el alquitrán, una vez que te atrapa entre sus pegajosas garras ya no puedes escapar. Te hace formar parte de la historia, convirtiéndote en espectador pasivo y lo ves todo a través de los ojos del capitán Darman, un antiguo oficial del ejército republicano, que vive en el exilio y que actúa como sicario para una organización comunista, de la que recibe el encargo de viajar al Madrid de la España franquista, para eliminar a un traidor.

Un viaje en el que se enfrentará cara a cara con los fantasmas y demonios de su pasado, mientras recorre los bajos fondos de un Madrid que le parece extraño y apenas reconoce, pues veinte años atrás decidió que era mejor arrojarlo al olvido.

Amor, odio, traición, locura, muerte, engaño, pasión, todo se entremezcla en un lugar y un momento plagado de personajes, que sólo son sombras y marionetas que bailan al son de un destino implacable.

El equivalente literario a una buena película noir.

Es mi primer acercamiento a Antonio Muñoz Molina y desde luego, puedo decir que no será el último, me ha cautivado ese estilo suyo y esa cadencia a la hora de contar la historia. Un estilo denso e intenso, hipnótico por momentos y con una opresiva y cinematográfica atmósfera, que me ha hecho devorar la novela en apenas día y medio.

Beltenebros es una novela negra de las buenas, de las que ya no se escriben, con mucha intriga, introspección y dilemas morales. Con personajes muy bien definidos y que al acabarla nos deja satisfechos, como una buena película noir; una de esas en blanco y negro, con antihéroes y personajes destruidos y donde tras cada sombra, acecha un asesino o peor aún, el pasado dispuesto a cobrarse la deuda pendiente.

 

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