Sherlock Holmes – Estudio en escarlata

“En la madeja incolora de la vida encontramos la hebra escarlata del asesinato, y nuestro deber consiste en desenredarla, separarla de las restantes y sacar a la luz hasta el menor de sus detalles”.

Sherlock Holmes es sin duda, uno de los personajes mas fascinantes de la literatura. Creado por el escocés Arthur Conan Doyle a finales del siglo XIX, se convirtió rápidamente en un éxito en su Gran Bretaña natal y con el paso del tiempo en un icono universal.
Con su excéntrica personalidad, sus métodos deductivos, sus extensos conocimientos y su frialdad a la hora de resolver los casos, Holmes se convirtió en el azote del crimen en la era victoriana, acompañado siempre de su inseparable amigo y cronista, el Doctor John Watson.

La novela

Estudio en Escarlata (A Study in Scarlet), publicada en 1887 en la revista Beeton’s Christmas Annual, es la primera aventura del famoso detective consultor. Consta de dos partes: en la primera, Watson que es el narrador, nos cuenta como llegó a Londres después de ser herido en la guerra de Afganistán, como conoció a Holmes y como ambos se vieron envueltos en la resolución de un asesinato bastante inverosímil, que se va complicando a medida que transcurre la narración por la pistas falsas que van encontrando.
La segunda parte añade un poco más de confusión a la historia, puesto que sin previo aviso cambiamos las oscuras calles de Londres por el desolado desierto de Utah en los Estados Unidos. Aunque lentamente todo va cobrando sentido y nos damos cuenta de que es un flashback que explica parte de la historia. Al final de todo esto, Holmes resuelve el caso y da la explicación a sus desconcertados compañeros.
No he querido profundizar mucho en el argumento para no estropear la experiencia lectora a los que se acerquen por primera vez a esta obra.

Estudio en Escarlata es una novela corta llena de suspense, que se lee de un tirón, comparada con el resto de historias de Sherlock Holmes es quizá una de las más flojas, pero he querido reseñarla por su valor histórico y porque es la primera de una gran serie de aventuras que me fascinan desde la primera vez que las leí. 
La copia que tengo es una preciosa edición conmemorativa por el 125 aniversario de la primera publicación de la novela, que cuenta con la portada e ilustraciones originales de D.H. Friston, junto con los anuncios comerciales que aparecían en la revista donde se publicó la historia, además cuenta con una soberbia traducción a cargo de Esther Tusquets.

Icono universal

Poco podía imaginar en 1887 Conan Doyle, médico de profesión además de escritor, que este personaje se convertiría en su pasaporte a la eternidad literaria. Sherlock Holmes ha trascendido de tal manera, que hoy en día, hay gente que piensa que fue una persona real y el 221B de Baker Street donde se ubicaba su ficticia residencia, se ha convertido desde hace varios años en lugar de peregrinaje para los fans del detective, puesto que allí se encuentra su museo. Es, como dije más arriba, todo un icono universal, creado en una época particularmente fecunda, que nos legó otras creaciones literarias de culto como Drácula, Frankenstein o el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. 

Aunque la creación del género policiaco es atribuida a Edgar Allan Poe en sus cuentos protagonizados por el detective Auguste Dupin y que autores como Charles Warren Adams (El Misterio de Notting Hill), Émile Gaboriau (El Caso Lerouge) o Wilkie Collins (La Piedra Lunar) ya habían incursionado en el género, no fue hasta la aparición de Sherlock Holmes cuando se disparó la moda de las novelas de misterio y policíacas, un género redefinido a lo largo del tiempo, que en la actualidad sigue gozando de muy buena fama y ventas.

En definitiva, una novela ideal para pasar el rato y sumergirse en el universo “Holmesiano“, lleno de misterios, aventuras y sobre todo, muy buenas historias.

“No hay satisfacción en la venganza a menos que el culpable encuentre el modo de saber quien es la mano que lo fulmina”.

 

El ojo – Vladimir Nabokov

Al fin y al cabo, para vivir feliz, un hombre tiene que conocer de vez en cuando unos instantes de perfecto vacío. Sin embargo, yo estaba siempre expuesto, siempre con los ojos abiertos; incluso cuando dormía no dejaba de vigilarme, sin comprender nada de mi existencia, me enloquecía la idea de no poder dejar de ser consciente de mí mismo…”.

El Ojo (Соглядатай), escrita en 1930 y publicada por entregas en la revista parisina de emigrantes rusos Sovremennyya Zapiski, es la cuarta novela de Vladimir Nabokov y fue en su día, mi primer acercamiento a su obra. Es una novela corta desconcertante, que puede resultar de difícil lectura, pues la historia esta plagada de descripciones y diálogos inconexos y sesgados, que no nos permiten hacernos una imagen panorámica de la historia. Pero esto es precisamente lo que busca el autor: jugar con nosotros y no desvelarnos más que lo justo y a veces confundirnos con imágenes distorsionadas o reflejos múltiples, como si estuviéramos dentro de una habitación llena de espejos y todos los presentes en ella llevaran una máscara.

Dobles fantasmales.

En esta novela se tocan los temas de la identidad y el concepto que tenemos sobre nosotros mismos y sobre todo de la imagen que proyectamos y la percepción que tienen los demás sobre nosotros. Siempre me han parecido conceptos muy interesantes, puesto que al final no dejan de ser experiencias subjetivas, a veces contaminadas por prejuicios, que no nos permiten conocer la esencia real de la verdad, conocimiento que por otra parte considero prácticamente imposible de alcanzar.

También se desarrolla el tema del doble de una manera muy interesante, puesto que no es un doble al uso; un doppelgänger o doble fantasmal, es una especie de sombra o proyección de nuestro inconsciente, que en algunos momentos se puede manifestar, posiblemente en un estado alterado de conciencia o en un estado crepuscular, como por ejemplo durante la parálisis del sueño. Pero en un plano más metafísico/psicológico, también puede ser la suma de las percepciones que otros tienen de nosotros o cada una de ellas por separado, un montón de dobles distintos, uno por cada persona que nos conoce, incluida nuestra propia percepción de nosotros mismos. La verdad es que sólo este tema daría para una entrada bastante amplia, pero no me voy a extender más en ello.

El tema del doble es recurrente en la literatura de varios autores, y aquí he detectado cierta influencia de Hoffmann (La historia del reflejo perdido), Poe (William Wilson), Pirandello (Uno, ninguno y cien mil) e incluso de Borges*. Nabokov consigue crear en El ojo, una historia a la altura de las nombradas anteriormente.

Humo y espejos en el Berlín de entreguerras.

El ojo comienza con el narrador contándonos su vida en el Berlín de entreguerras. Por lo que sabemos es un expatriado ruso que ha huido de la Revolución Bolchevique y posterior guerra civil que asola Rusia, que comparte su vida con otros emigrados de su misma nacionalidad, a cada cual más variopinto: como el librero Weinstock, paranoico y practicante del espiritismo (muy de moda en aquellos años) o el pedante Roman Bogdanovich, autor de un diario personal, cuyas entregas envía todos los viernes a un amigo de Tallinnque las archiva para que Roman pueda releerlo completo en un futuro cuando ya sea anciano.

La vida del narrador, bastante mediocre y aburrida, da un giro inesperado tras un acontecimiento traumático que le empuja al (intento de) suicidio. A partir de ahí su vida adquiere una dimensión totalmente distinta, ya que comienza a ver el mundo y a los que le rodean con otros ojos, una especie de ser omnisciente que todo lo ve y que se propone descubrir la identidad del personaje más enigmático de todos: Smurov.

Smurov, el enigma.

Un personaje que un día es un soldado zarista y al siguiente un espía bolchevique, otro día se presenta como un mujeriego y después como homosexual. El narrador intenta descifrar el enigma de Smurov a través de los ojos y las opiniones de sus conocidos y poco a poco su imagen va tomando forma, una imagen realmente sorprendente.

En el prefacio, el autor nos anima a que intentemos descubrir quién es este personaje antes de que acabe la novela, reconozco que yo lo descubrí más o menos a la mitad. Así que nos encontramos ante una obra de gran calidad y un misterio muy divertido. Recomiendo su lectura, pero ojo, que sea breve no quiere decir que sea ligera, es densa y como dije al principio, desconcertante.

“Kashmarin se había llevado otra imagen, ¿Importa cuál? Porque no existo; lo que existe son los millares de espejos que me reflejan. Cada vez que conozco a alguien, aumenta la población de fantasmas que se parecen a mí. Viven en alguna parte, se multiplican en alguna parte. Sólo yo no existo. Sin embargo, Smurov, seguirá viviendo por mucho tiempo”.

“Los dos muchachos envejecerán y alguna que otra imagen mía vivirá en ellos como un parásito tenaz.  Y luego llegará el día en que morirá la última persona que me recuerde, tal vez una historia casual sobre mí, una simple anécdota en la que aparezco yo, pasará de él a su hijo o a su nieto, y así mi nombre y mi fantasma aparecerán fugazmente aquí y allá por un tiempo más. Luego llegará el final”.

Notas: El título original en ruso Соглядатай, cuya transcripción sería Soglyadatay, es un antiguo término militar que significa “espía“, “observador“, el autor al traducir su obra al inglés en 1965, decidió titularlo, “El Ojo“.

* La influencia de Borges es imposible, puesto que en aquellos años no tenían aún conocimiento el uno del otro. Aunque si es cierto que sus vidas están marcadas por algunos paralelismos sorprendentes, que quizá desgrane en una entrada futura.

 

 

 

Otra vuelta de tuerca

¿Qué es un fantasma?, ¿es el espíritu errante de un muerto?, ¿es la proyección de la mente de un vivo? o ¿puede ser energía impresa en un lugar u objeto determinados?. Sinceramente, no tengo respuesta a estas preguntas y dudo que alguien la tenga. Pero si tengo claro que al ser humano le encanta contar historias de fantasmas, le encanta provocar y sentir miedo.

Los fantasmas nos llevan acompañando desde el alba de los tiempos y quizá solo existan porque hablamos de ellos, porque creemos en ellos y seguirán existiendo mientras se sigan contando historias de aparecidos y almas en pena, atrapados al igual que nosotros en esta realidad, para siempre.

Las primeras historias de fantasmas aparecen ya en la Odisea de Homeroen un escrito de Plinio el Joven sobre una casa encantada en Atenas, habitada por un espíritu que arrastraba cadenas y también en obras como el Satiricón de Petronio o en algunas tragedias de Séneca. También aparecen en los relatos de Las mil y una noches, pero en forma de Djinns y Ghuls. La divina comedia de Dante Alighieri o Hamlet de Shakespeare son otros ejemplos famosos de interacción entre vivos y almas de difuntos.

Se podrían enumerar incontables obras a lo largo del tiempo, pero fue en el siglo XIX cuando la Ghost Story o cuento de fantasmas vivió su auge, curiosamente en la época de la revolución industrial y de grandes avances científicos, pareciera como si las tradiciones y los miedos ancestrales se resistieran a desaparecer con el imparable progreso y todo ello fue gracias a las obras de escritores anglosajones como Joseph Sheridan Le Fanu (El fantasma de la señora Crowl), Charles Dickens (El Guardavías), Margaret Oliphant (La puerta abierta), Edward Bulwer-Lytton (La casa y el cerebro), M.R. James (Silba y acudiré!) o Henry James, el autor del libro que reseño hoy, aunque sinceramente tampoco estoy muy seguro de por qué estoy hablando de fantasmas en esta introducción, porque puede que el relato del que voy a hablar no tenga nada que ver con ellos… o puede que sí, no lo sé.

Ambigüedad total.

Otra vuelta de tuerca (The Turn of the Screw) 1898, es una novela corta en la que la ambigüedad es llevada a su máxima expresión.
Una joven institutriz llega a una antigua mansión en el campo, para hacerse cargo de la educación de dos niños pequeños que se han quedado huérfanos y están al cuidado de su tío. Al poco tiempo empiezan a sucederle situaciones extrañas, en las que se le aparecen los fantasmas de dos sirvientes fallecidos el año anterior y se convence de que éstos quieren hacer daño a los niños e intenta protegerlos a toda costa.
Sobre el papel parece la clásica historia de fantasmas, pero una vez que nos sumergimos en ella y avanza el texto, nos damos cuenta de que hay mucho más de lo que aparenta en un principio, nos damos de frente con un relato que puede tener múltiples interpretaciones. De hecho, a día de hoy, no hay consenso sobre lo que el autor quiso contar en esta obra.

Henry James era un maestro del relato psicológico, la ambigüedad y la elipsis, nunca acaba de contar lo que tiene que contar o lo que nosotros pensamos que tiene que contar. James siempre va dando un rodeo, se anda por las ramas y de vez en cuando nos da un pincelada aquí y otra allá que nos permite obtener algo de información para poder encajar las piezas. En Otra vuelta de tuerca alcanza una de sus cimas en este aspecto, la ambigüedad es tal, que en mi caso, mientras lo leía me ha hecho pensar de todo: fantasmas, locura, pesadillas, abusos, un montaje… y al final de todo, sigo tan desconcertado como durante la lectura. Realmente no sé de que trata este relato, aunque he disfrutado mucho leyéndolo.

Los personajes están vagamente definidos, parecen ser meros recipientes vacíos donde el lector puede volcar sus miedos, fantasías y significados. Al parecer para el autor, los personajes no son tan importantes como la historia en sí, pero la historia tampoco parece ser importante, puesto que lo importante en este caso es todo lo que no cuenta, todo lo que dice o mejor dicho, no dice entre líneas. Parece que el autor deja todo el peso al lector y a sus interpretaciones y actúa como un mero transmisor de la historia y todo esto a veces puede ser desconcertante y a la vez desafiante. Por eso creo que es una obra ciertamente interesante, puesto que permite reflexionar constantemente, sospechar, devanarse los sesos a conciencia para encontrar una interpretación a la historia y aún así, nunca estar seguro al 100 % de que sea la correcta.

Otra de las claves de esta ambigüedad, es que la narración está en primera persona, así que sólo conocemos el punto de vista de un único personaje, del que además sabemos muy poco. Así que no podemos contrastar su relato con el de otros, por lo tanto debemos fiarnos de lo que nos cuenta, pero la forma en la que lo hace es tan oscura y desconcertante que nos hace sospechar, es como si quisiera imponernos su punto de vista, pero no podemos estar seguros de si es un punto de vista veraz o por el contrario totalmente falso o distorsionado por la locura.
James trabaja magistralmente este aspecto a lo largo de toda la historia, es imposible interpretar de manera absoluta qué es lo que está pasando y además lo hace con una prosa exquisita y elegante, que es toda una maravilla.


Resumiendo, Otra vuelta de tuerca, es una obra maestra en la que se mezclan el terror, la fantasía y el suspense de manera fabulosa y que vale mucho la pena leer, sobre todo para terminar perplejo y darle vueltas a la cabeza durante días sin poder llegar a ninguna conclusión satisfactoria.
Dadle una oportunidad, no os arrepentiréis… Pero recordad, todo lo que 
penséis o sintáis leyendo esta obra, todo el miedo, el suspense o las interpretaciones que le deis, solo estarán en vuestra cabeza, Henry James no dice nada de eso en el relato… o sí, ¿Quién sabe?.

 

 

 

 

 

 

La guerra de los mundos

“Atravesando el abismo del espacio […] intelectos vastos, fríos e implacables, contemplaban este planeta con ojos envidiosos y tramaban lenta y decididamente sus planes de conquista.”

Desde el final de la II Guerra Mundial, la humanidad se ha embarcado en una empresa titánica, para la que no ha escatimado recursos ni ha dudado en emplear a las mentes mas brillantes, me refiero a la conquista del espacio exterior, la última frontera.
De momento, a parte de pisar (o no) la Luna, el hombre no ha puesto el pie en ningún otro planeta o cuerpo celeste y hasta que esto se haga realidad, seguirá soñando con colonizar nuevos mundos y conocer otras civilizaciones. 

El próximo objetivo parece ser Marte, después de varias misiones no tripuladas de sondas y robots, parece que se ha instaurado una carrera por llevar los primeros humanos al planeta rojo, con intenciones de colonizarlo en un futuro no muy lejano. Organismos públicos como la NASA, Roscosmos o la Agencia Espacial Europea compiten contra empresas privadas millonarias como SpaceX, Lockheed Martin o Boeing en esta nueva carrera, de momento todo son incógnitas. 

Pero… ¿Qué pasaría si al llegar al planeta rojo descubrieran que no es el páramo desolado que intuyen, sino que está lleno de vida inteligente? ¿Cómo les sentaría a los marcianos esa visita inesperada? ¿Y si fuera a la inversa?. Si decidieran ellos venir aquí, ¿Les recibiríamos con los brazos abiertos?. Y en el caso de ser hostiles, ¿Resistiríamos una invasión?. Esto último se preguntó el británico Herbert George Wells hace ya la friolera de 123 años, cuando comenzó a escribir La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds) en 1895. 

 

Socialista visionario.


H.G.Wells
fue un auténtico visionario, considerado uno de los padres de la ciencia ficción, su imaginación no conocía limites, y es curioso observar como casaban estas ideas revolucionarias suyas en la encorsetada sociedad victoriana a la que pertenecía, una época en la que Gran Bretaña se convirtió en el imperio mas poderoso del planeta y los adelantos tecnológicos, consecuencia de las revoluciones industriales estaban en pleno desarrollo. Gracias a ello pensadores y visionarios como Wells comenzaron a imaginar situaciones y futuros para la humanidad, situaciones que parecían inverosímiles en la época, pero que un siglo después, algunas de ellas, se han hecho realidad. 


El autor, nacido en Bromley en 1866, en el seno de una empobrecida familia de clase media, se aficionó a la lectura a los 8 años, cuando sufrió un accidente que le dejó postrado en cama durante una temporada, para matar el tiempo empezó a devorar los libros que su padre le traía de la biblioteca, poco a poco esa afición derivaría en el deseo de escribir sus propias historias. Empezó a trabajar desde muy joven, compaginándolo con los estudios de biología y zoología, a la vez que empezó a interesarse seriamente por los problemas sociales de su época. Fue un socialista convencido que defendió los derechos de los marginados e intentó aportar ideas para la creación de una sociedad más justa; Por ello se unió a la Sociedad Fabiana, un movimiento cuyo objetivo era el de instaurar el socialismo de forma pacífica.

Wells tocó varios temas en sus obras; la ingeniería genética (La isla del Doctor Moreau), el viaje espacial (Los primeros hombres en la Luna) o los viajes en el tiempoAunque si leemos entre lineas nos daremos cuenta de que hay otra dimensión mas profunda y en ella el autor aborda temas como la lucha de clases (Kipps, La máquina del tiempo), los límites éticos de la ciencia (El hombre invisible, El alimento de los dioses), la lucha por la liberación de la mujer (Ana Verónica) o críticas al capitalismo (Tono Bungay), a las élites opresoras (Cuando despierte el durmiente) y a la sociedad victoriana y al sistema imperialista (La guerra de los mundos).


La novela.

 

Y nosotros, los hombres que habitamos esta Tierra, debemos ser para ellos tan extraños y poco importantes como lo son los monos y los lémures para nosotros. El intelecto del hombre admite ya que la vida es una lucha incesante, y parece que esta también es la creencia que impera en Marte. Su mundo se halla en proceso de enfriamiento y el nuestro está todavía lleno de vida, pero de una vida que ellos consideran como perteneciente a animales inferiores. Así pues, su única esperanza de sobrevivir al destino fatal que les amenaza reside en llevar la guerra hacia su vecino mas próximo”.

La guerra de los mundos nos cuenta la historia de la invasión del planeta Tierra por parte de alienígenas procedentes de Marte y el consiguiente pánico y caos que se desata en Gran Bretaña. La historia esta relatada en primera persona por un narrador anónimo que además de contarnos sus peripecias, completa la narración con rumores y noticias poco contrastadas que incrementan la sensación de desconcierto de manera muy efectiva.

Los marcianos aterrizan en las afueras de Londres, en Woking para ser mas exactos y pronto empiezan a construir sus vehículos para moverse por el suelo terrestre, una suerte de trípodes armados con los que van arrasando todo a su paso. Los humanos intentan defenderse enviando tropas para combatirlos pero ningún arma parece ser efectiva contra la superior tecnología de los marcianos, que contraatacan con su rayo calorífico y el humo negro, una especie de letal arma bacteriológica. Poco a poco se van acercando a Londres, donde se empiezan a suceder escenas de auténtico caos y pánico en la desesperada y masiva huida.

No quiero desvelar el argumento en su totalidad por si no habéis leído la novela, pero si que me gustaría reflejar las sensaciones que me han provocado las poderosas imágenes que el autor ha creado a lo largo de la historia, como por ejemplo la expectación, no carente de temor, ante la visita de seres de otro planeta, la terrorífica sensación al caer en la cuenta de que el cazador humano ha pasado a ser la presa, la mezcla entre fascinación e impotencia ante la superioridad de los marcianos y su tecnología, unos seres que han evolucionado hasta ser prácticamente solo cerebro, desprovistos de todo sentimiento o la imagen de soledad de un Londres desierto y cubierto de musgo rojo, que aún así no carece de matices poéticos; En definitiva, imágenes que evocan un caleidoscopio de sensaciones que van desde la fascinación al desasosiego de una manera muy efectiva.

Algunas reflexiones.


No es una guerra, no lo ha sido nunca, del mismo modo que nunca hubo una guerra entre los humanos y las hormigas”

Wells no sólo creó una gran novela de ciencia ficción sino que también la utilizó como vehículo para plasmar sus preocupaciones y pensamientos. Las guerras de colonización, el imperialismo o la fragilidad de las sociedades son algunos de los temas que “disfraza” en la historia.

En el caso del imperialismo, podemos ver paralelismos entre el trato que se le da a los pueblos subyugados por parte de las potencias europeas y el trato que los marcianos dan a los británicos, el imperio más poderoso de la tierra en ese momento y que nada puede hacer ante la superioridad tecnológica y armamentística de los invasores, si ahondamos un poco más, podemos incluso observar una dimensión aun más profunda, en la que Wells nos quiere hacer ver, que para los marcianos no somos más importantes y peligrosos que lo que puede ser una gallina o un insecto para nosotros.

El ser humano se ha creído siempre el centro del universo y no quiere o no es capaz de pensar que puedan existir civilizaciones mucho más avanzadas a las que quizá no les importemos un bledo o que quizá un día decidan venir y hacernos desaparecer para siempre de la historia. La vida es efímera e irrelevante y a escala universal, lo es aún más.


Otro de los temas que toca es lo rápido que una sociedad civilizada puede descender al caos, al embrutecimiento e incluso llegar a la desaparición en una situación límite. Las personas se sienten desbordadas y es entonces cuando aflora lo peor de la condición humana, el pánico y la inseguridad derivan en violencia, indiferencia, destrucción y muerte. Sólo los mas fuertes e inteligentes sobreviven, los débiles se convierten en lastres desechables. La capacidad de observación y anticipación de Wells es magistral.
  
Wells era un autor para el que la ideas primaban sobre todo lo demás.
Es 
por eso que sus obras han calado tan bien en el imaginario colectivo, pero a la vez era una autor comprometido socialmente y con múltiples inquietudes que usaba la literatura como medio de expresión y transmisión de sus valores como dije anteriormente.

Creo que es interesante acercarse a sus obras y observarlas desde otra perspectiva que el simple hecho de ser sólo novelas y relatos de ciencia ficción, hay una dimensión más reflexiva y gratificante si sabemos leer entre lineas. La guerra de los mundos es un buen ejemplo y un gran inicio si aún no habéis leído nada del autor.

 

Alvim Corrêa, el ilustrador.


Como curiosidad y para terminar, me gustaría destacar que las magníficas ilustraciones en blanco y negro que aparecen en la reseña, pertenecen al dibujante brasileño
Henrique Alvim Corrêa, las realizó en 1906, para ilustrar una edición belga de la novela, fue quizá, uno de los que mejor supo plasmar las imágenes ideadas por Wells y al igual que él, también fue todo un visionario. 

“Las hormigas construyen sus ciudades, viven en ellas y tienen sus guerras y revoluciones, hasta que los hombres quieren quitarlas de en medio, y entonces desaparecen… Hormigas, eso es lo que somos. Sólo que… somos hormigas comestibles”.

 

 

 

Beltenebros

“Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca”.

Con esta frase tan contundente comienza Beltenebros, una novela negra escrita por Antonio Muñoz Molina en 1989. Beltenebros, nombre de resonancia quijotesca, oscuro y enigmático, tanto como la historia que aquí se nos presenta.

Una novela en la que nada ni nadie es lo que aparenta ser, una suerte de habitación llena de espejos, humo y claroscuros que no nos permite distinguir que es real y que es impostura.

Magistral prosa onírica.

Muñoz Molina nos introduce en la historia con una prosa extremadamente descriptiva, como si de una vieja película en blanco y negro se tratase, como si estuviéramos en un vetusto cine, sentados ante la pantalla observando la sucesión de imágenes creadas por el autor, en lugar de tener un libro entre las manos.

Una prosa cargada de melancolía y tristeza, como si al leer lo que aquí se nos cuenta, escarbara en las heridas y cicatrices que todos hemos ido acumulando a los largo de nuestras vidas y en la que afloran sentimientos que parecían enterrados. Preguntándonos si de verdad vivimos eso en algún momento pasado o sólo lo estamos imaginando.

Una prosa irreal, ambigua, onírica, como de sueño lúcido, en el que estamos rodeados de nuestros fantasmas y los de otros. Un sueño que a veces se convierte en pesadilla, cuando por un instante tenemos la certeza de que no estamos soñando, sino que estamos muy despiertos. Entonces el miedo y la desesperación se adueñan de nosotros porque todo es real, demasiado real.

Dicen que el pasado siempre vuelve y en esta historia no sólo se empeña en volver, sino que se enseñorea de manera brutal de las vidas de los que por ella transitan. Unos personajes que por momentos no pueden saber en que tiempo habitan, pues todo converge en un presente que parece que fue ayer y que por suerte o desgracia, nunca será mañana.

Un Madrid tenebroso y fantasmal.

Beltenebros es una novela muy negra, densa como el alquitrán, una vez que te atrapa entre sus pegajosas garras ya no puedes escapar. Te hace formar parte de la historia, convirtiéndote en espectador pasivo y lo ves todo a través de los ojos del capitán Darman, un antiguo oficial del ejército republicano, que vive en el exilio y que actúa como sicario para una organización comunista, de la que recibe el encargo de viajar al Madrid de la España franquista, para eliminar a un traidor.

Un viaje en el que se enfrentará cara a cara con los fantasmas y demonios de su pasado, mientras recorre los bajos fondos de un Madrid que le parece extraño y apenas reconoce, pues veinte años atrás decidió que era mejor arrojarlo al olvido.

Amor, odio, traición, locura, muerte, engaño, pasión, todo se entremezcla en un lugar y un momento plagado de personajes, que sólo son sombras y marionetas que bailan al son de un destino implacable.

El equivalente literario a una buena película noir.

Es mi primer acercamiento a Antonio Muñoz Molina y desde luego, puedo decir que no será el último, me ha cautivado ese estilo suyo y esa cadencia a la hora de contar la historia. Un estilo denso e intenso, hipnótico por momentos y con una opresiva y cinematográfica atmósfera, que me ha hecho devorar la novela en apenas día y medio.

Beltenebros es una novela negra de las buenas, de las que ya no se escriben, con mucha intriga, introspección y dilemas morales. Con personajes muy bien definidos y que al acabarla nos deja satisfechos, como una buena película noir; una de esas en blanco y negro, con antihéroes y personajes destruidos y donde tras cada sombra, acecha un asesino o peor aún, el pasado dispuesto a cobrarse la deuda pendiente.