La guerra de los mundos

“Atravesando el abismo del espacio […] intelectos vastos, fríos e implacables, contemplaban este planeta con ojos envidiosos y tramaban lenta y decididamente sus planes de conquista.”

Desde el final de la II Guerra Mundial, la humanidad se ha embarcado en una empresa titánica, para la que no ha escatimado recursos ni ha dudado en emplear a las mentes mas brillantes, me refiero a la conquista del espacio exterior, la última frontera.
De momento, a parte de pisar (o no) la Luna, el hombre no ha puesto el pie en ningún otro planeta o cuerpo celeste y hasta que esto se haga realidad, seguirá soñando con colonizar nuevos mundos y conocer otras civilizaciones. 

El próximo objetivo parece ser Marte, después de varias misiones no tripuladas de sondas y robots, parece que se ha instaurado una carrera por llevar los primeros humanos al planeta rojo, con intenciones de colonizarlo en un futuro no muy lejano. Organismos públicos como la NASA, Roscosmos o la Agencia Espacial Europea compiten contra empresas privadas millonarias como SpaceX, Lockheed Martin o Boeing en esta nueva carrera, de momento todo son incógnitas. 

Pero… ¿Qué pasaría si al llegar al planeta rojo descubrieran que no es el páramo desolado que intuyen, sino que está lleno de vida inteligente? ¿Cómo les sentaría a los marcianos esa visita inesperada? ¿Y si fuera a la inversa?. Si decidieran ellos venir aquí, ¿Les recibiríamos con los brazos abiertos?. Y en el caso de ser hostiles, ¿Resistiríamos una invasión?. Esto último se preguntó el británico Herbert George Wells hace ya la friolera de 123 años, cuando comenzó a escribir La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds) en 1895. 

 

Socialista visionario.


H.G.Wells
fue un auténtico visionario, considerado uno de los padres de la ciencia ficción, su imaginación no conocía limites, y es curioso observar como casaban estas ideas revolucionarias suyas en la encorsetada sociedad victoriana a la que pertenecía, una época en la que Gran Bretaña se convirtió en el imperio mas poderoso del planeta y los adelantos tecnológicos, consecuencia de las revoluciones industriales estaban en pleno desarrollo. Gracias a ello pensadores y visionarios como Wells comenzaron a imaginar situaciones y futuros para la humanidad, situaciones que parecían inverosímiles en la época, pero que un siglo después, algunas de ellas, se han hecho realidad. 


El autor, nacido en Bromley en 1866, en el seno de una empobrecida familia de clase media, se aficionó a la lectura a los 8 años, cuando sufrió un accidente que le dejó postrado en cama durante una temporada, para matar el tiempo empezó a devorar los libros que su padre le traía de la biblioteca, poco a poco esa afición derivaría en el deseo de escribir sus propias historias. Empezó a trabajar desde muy joven, compaginándolo con los estudios de biología y zoología, a la vez que empezó a interesarse seriamente por los problemas sociales de su época. Fue un socialista convencido que defendió los derechos de los marginados e intentó aportar ideas para la creación de una sociedad más justa; Por ello se unió a la Sociedad Fabiana, un movimiento cuyo objetivo era el de instaurar el socialismo de forma pacífica.

Wells tocó varios temas en sus obras; la ingeniería genética (La isla del Doctor Moreau), el viaje espacial (Los primeros hombres en la Luna) o los viajes en el tiempoAunque si leemos entre lineas nos daremos cuenta de que hay otra dimensión mas profunda y en ella el autor aborda temas como la lucha de clases (Kipps, La máquina del tiempo), los límites éticos de la ciencia (El hombre invisible, El alimento de los dioses), la lucha por la liberación de la mujer (Ana Verónica) o críticas al capitalismo (Tono Bungay), a las élites opresoras (Cuando despierte el durmiente) y a la sociedad victoriana y al sistema imperialista (La guerra de los mundos).


La novela.

 

Y nosotros, los hombres que habitamos esta Tierra, debemos ser para ellos tan extraños y poco importantes como lo son los monos y los lémures para nosotros. El intelecto del hombre admite ya que la vida es una lucha incesante, y parece que esta también es la creencia que impera en Marte. Su mundo se halla en proceso de enfriamiento y el nuestro está todavía lleno de vida, pero de una vida que ellos consideran como perteneciente a animales inferiores. Así pues, su única esperanza de sobrevivir al destino fatal que les amenaza reside en llevar la guerra hacia su vecino mas próximo”.

La guerra de los mundos nos cuenta la historia de la invasión del planeta Tierra por parte de alienígenas procedentes de Marte y el consiguiente pánico y caos que se desata en Gran Bretaña. La historia esta relatada en primera persona por un narrador anónimo que además de contarnos sus peripecias, completa la narración con rumores y noticias poco contrastadas que incrementan la sensación de desconcierto de manera muy efectiva.

Los marcianos aterrizan en las afueras de Londres, en Woking para ser mas exactos y pronto empiezan a construir sus vehículos para moverse por el suelo terrestre, una suerte de trípodes armados con los que van arrasando todo a su paso. Los humanos intentan defenderse enviando tropas para combatirlos pero ningún arma parece ser efectiva contra la superior tecnología de los marcianos, que contraatacan con su rayo calorífico y el humo negro, una especie de letal arma bacteriológica. Poco a poco se van acercando a Londres, donde se empiezan a suceder escenas de auténtico caos y pánico en la desesperada y masiva huida.

No quiero desvelar el argumento en su totalidad por si no habéis leído la novela, pero si que me gustaría reflejar las sensaciones que me han provocado las poderosas imágenes que el autor ha creado a lo largo de la historia, como por ejemplo la expectación, no carente de temor, ante la visita de seres de otro planeta, la terrorífica sensación al caer en la cuenta de que el cazador humano ha pasado a ser la presa, la mezcla entre fascinación e impotencia ante la superioridad de los marcianos y su tecnología, unos seres que han evolucionado hasta ser prácticamente solo cerebro, desprovistos de todo sentimiento o la imagen de soledad de un Londres desierto y cubierto de musgo rojo, que aún así no carece de matices poéticos; En definitiva, imágenes que evocan un caleidoscopio de sensaciones que van desde la fascinación al desasosiego de una manera muy efectiva.

Algunas reflexiones.


No es una guerra, no lo ha sido nunca, del mismo modo que nunca hubo una guerra entre los humanos y las hormigas”

Wells no sólo creó una gran novela de ciencia ficción sino que también la utilizó como vehículo para plasmar sus preocupaciones y pensamientos. Las guerras de colonización, el imperialismo o la fragilidad de las sociedades son algunos de los temas que “disfraza” en la historia.

En el caso del imperialismo, podemos ver paralelismos entre el trato que se le da a los pueblos subyugados por parte de las potencias europeas y el trato que los marcianos dan a los británicos, el imperio más poderoso de la tierra en ese momento y que nada puede hacer ante la superioridad tecnológica y armamentística de los invasores, si ahondamos un poco más, podemos incluso observar una dimensión aun más profunda, en la que Wells nos quiere hacer ver, que para los marcianos no somos más importantes y peligrosos que lo que puede ser una gallina o un insecto para nosotros.

El ser humano se ha creído siempre el centro del universo y no quiere o no es capaz de pensar que puedan existir civilizaciones mucho más avanzadas a las que quizá no les importemos un bledo o que quizá un día decidan venir y hacernos desaparecer para siempre de la historia. La vida es efímera e irrelevante y a escala universal, lo es aún más.


Otro de los temas que toca es lo rápido que una sociedad civilizada puede descender al caos, al embrutecimiento e incluso llegar a la desaparición en una situación límite. Las personas se sienten desbordadas y es entonces cuando aflora lo peor de la condición humana, el pánico y la inseguridad derivan en violencia, indiferencia, destrucción y muerte. Sólo los mas fuertes e inteligentes sobreviven, los débiles se convierten en lastres desechables. La capacidad de observación y anticipación de Wells es magistral.
  
Wells era un autor para el que la ideas primaban sobre todo lo demás.
Es 
por eso que sus obras han calado tan bien en el imaginario colectivo, pero a la vez era una autor comprometido socialmente y con múltiples inquietudes que usaba la literatura como medio de expresión y transmisión de sus valores como dije anteriormente.

Creo que es interesante acercarse a sus obras y observarlas desde otra perspectiva que el simple hecho de ser sólo novelas y relatos de ciencia ficción, hay una dimensión más reflexiva y gratificante si sabemos leer entre lineas. La guerra de los mundos es un buen ejemplo y un gran inicio si aún no habéis leído nada del autor.

 

Alvim Corrêa, el ilustrador.


Como curiosidad y para terminar, me gustaría destacar que las magníficas ilustraciones en blanco y negro que aparecen en la reseña, pertenecen al dibujante brasileño
Henrique Alvim Corrêa, las realizó en 1906, para ilustrar una edición belga de la novela, fue quizá, uno de los que mejor supo plasmar las imágenes ideadas por Wells y al igual que él, también fue todo un visionario. 

“Las hormigas construyen sus ciudades, viven en ellas y tienen sus guerras y revoluciones, hasta que los hombres quieren quitarlas de en medio, y entonces desaparecen… Hormigas, eso es lo que somos. Sólo que… somos hormigas comestibles”.