Hace algún tiempo publiqué una entrada analizando tres pinturas de René Magritte. En aquella entrada (que podéis leer aquí), hablaba un poco sobre su arte y elegí tres de mis pinturas favoritas para analizar qué sensaciones me producían, esta vez por diversión, voy a repetir el experimento, solo que en esta ocasión he elegido tres pinturas al azar.
Hay pocas cosas en esta vida que encuentro más inquietantes que las pinturas de Magritte. Sombrías, perturbadoras y melancólicas, tienen una extraña habilidad para alterar mi sentido del tiempo, el espacio y la percepción de la realidad.
Lo que más me gusta de Magritte es su capacidad de provocarnos con imágenes cotidianas, su intención es que el observador cambie su percepción precondicionada de la realidad y que aprenda a observarla con una mirada metafísica. De algún modo, intenta sacar al observador de los patrones de pensamiento habituales, modificando algo que se da por sentado y mostrando lo extraña que es o puede llegar a ser la realidad.
En 1956 en una entrevista en TV, Magritte declaraba esto sobre sus intenciones artísticas al hilo del análisis de una de sus obras: Para mí, el concepto de una pintura es una idea de una cosa o muchas cosas que mi pintura puede hacer visibles… La idea no es visible en la pintura: una idea no se puede ver con los ojos. Lo que se representa en una imagen es lo que es visible a los ojos; son los elementos que se necesitan para la idea. Entonces lo que se representa en L’empire des lumières son las cosas que me dieron la idea, es decir, un paisaje nocturno y un cielo que vemos a plena luz del día… esta evocación de la noche y el día me parece dotada del poder de sorprender y encantarnos. A este poder lo llamo: poesía. Así que, a la mirada metafísica, también podríamos añadirle la búsqueda de una mirada poética de la realidad cotidiana.
La obra de la que hablaba en la cita es ésta que os muestro a continuación, en la que podéis ver como el artista nos hace dudar de la realidad, mezclando dos conceptos aparentemente antagónicos como son el día y la noche en un entorno ordinario.

También sería interesante destacar que en las obras del pintor belga siempre hay una dimensión psicológica, algo así como un buceo hacia las profundidades del inconsciente y su interacción con la realidad y con el lenguaje, éste último es el que de alguna manera, nos permite ordenar la realidad para poder habitarla. Él mismo describía esa búsqueda en estos términos: En el curso de mí investigación, tuve la certeza de que el elemento a descubrir, la característica única que reside oscuramente en cada objeto, siempre me era conocida de antemano, pero que mi conocimiento sobre él estaba, por así decirlo, oculto en las profundidades de mi pensamiento. Como mi investigación tenía necesariamente que llegar a una única respuesta correcta para cada objeto, ésto me llevó a tratar de encontrar la solución del problema con tres puntos de referencia: el objeto, el “algo” vinculado a él en la oscuridad de mi conciencia y la luz a la que ese “algo” tenía que ser llevado.
Después de leer esta declaración podríamos deducir que más que los objetos ordinarios, los dobles, las imágenes especulares, las inversiones inescrutables o las figuras inmóviles, lo que en realidad nos desorienta y desconcierta en las obras meticulosamente terminadas de Magritte, es su perpetua búsqueda de la esencia del objeto mediante un esfuerzo mental y la representación de esa esencia intuida en toda su inevitable oscuridad. A diferencia del lenguaje, en la pintura, no siempre impera la metáfora, pero cuando esto sucede, nos encontramos en un mundo hiperbólico y algunas veces de pesadilla, que parece haber perdido toda conexión con la realidad.
Bueno, dicho todo esto vamos a empezar con el análisis de las tres obras de Magritte, ejercicio que espero que vosotros y vosotras también hagáis porque creo que es sumamente interesante, divertido y relajante. Podéis dejarme vuestras impresiones en comentarios si os apetece.
El cheque en blanco (1965).

El cheque en blanco (Le blanc-seign) es todo un asalto a los sentidos, además de ser un buen ejemplo de cómo la mente es capaz de construir lo imposible para darle coherencia a la realidad que nos rodea. Aquí podemos ver a una mujer montando un caballo en un bosque, pero algo no encaja, ambos están diseccionados y mezclados con el entorno, como si hubiera fallos en el continuo de la realidad. Magritte se sirve de la oclusión para esconder unas imágenes con otras, creando un efecto desconcertante, sobre todo en una de las patas traseras del caballo, que está simultáneamente detrás y delante de los árboles. Mirando esta pintura no tenemos forma de saber sí los árboles están realmente delante del jinete y su caballo o viceversa, es muy desconcertante, pero también es un desafío para la mente y la percepción.
Me pregunto al verla, cómo sería la percepción si en lugar de una pintura bidimensional, estuviera construida en 3 dimensiones. ¿Se desentrañaría el misterio que ofrece o crearía más desconcierto? Pero se me ocurre llevarlo un poco más allá, imaginemos que estamos paseando tranquilamente por un bosque y vemos esto… imagino la primera sensación de irrealidad y después nuestro cerebro intentando ordenar toda la información para decirnos (tranquilizarnos) a nosotros mismos, que lo que hay ahí es una mujer montando a caballo entre unos árboles, pero no, las leyes de la naturaleza no se están cumpliendo y la realidad se ha distorsionado (o quizá nosotros estemos descendiendo hacia la locura). Estamos ante lo imposible. Eso es lo que busca Magritte con su arte, sorprendemos constantemente, porque lo creamos o no, un encuentro con lo extraño puede suceder en cualquier momento.

Esta pintura me recuerda a otra con la misma temática, en la que también juega con los planos y las percepciones. En ella podemos ver a su icónico hombre del sombrero simultáneamente desde dos perspectivas distintas y en el fondo vuelve a aparecer ese misterioso bosque. La pintura se titula El lugar común, y puede parecer un intento un poco naif de representar esas dos dimensiones o puntos de vista, pero admitámoslo, aquí hay mucha genialidad, esta pintura al igual que la anterior, tiene el poder de perturbarnos y maravillarnos con su rareza.
Intentando lo imposible (1928).

Al ver esta pintura lo primero que pienso es en el mito de Pigmalión. La historia del artista que enamorado de su creación anhela darle vida (en su caso mediante la intervención divina de la diosa Afrodita). Quizá Magritte nos quiere decir lo mismo, el título parece darnos pistas: Intentando lo imposible. ¿Qué es lo imposible aquí? ¿Está intentando crear algo vivo mediante sus pinceles o simplemente es un simulacro de vida? ¿Qué o quién es esa mujer?.
Esta pintura y lo que representa puede estar abierta a muchas interpretaciones. La mujer puede ser simplemente una imagen pintada, una modelo viva, una estatua sólida, o quizás simplemente una representación de los deseos del pintor. ¿Es una figura bidimensional, tridimensional o alucinatoria? ¿Es un truco de magia o una ilusión en la propia mente del artista? ¿Es una especie de milagro o simplemente una metáfora?.
El pintor del cuadro es el propio Magritte y obviamente está intentando lo imposible, pintar algo en el aire. Pero hay un detalle que es bastante inquietante… la mujer, al igual que el pintor, proyecta sombra y eso nos señala la solidez de su cuerpo. Quizá no está pintando a la mujer en el aire, sino que la está borrando, haciéndola desaparecer… sea lo que sea, es perturbador.
Pero por otra parte quizá no haya ningún misterio metafísico, ya que Magritte no es muy dado a pintar visiones ni situaciones oníricas, es el más realista de los surrealistas, así que quizá solo sea una alegoría de la creación artística, una muy literal además: un pintor que pinta a un pintor pintando a una mujer. Eso es lo que hacen los pintores ¿no? Pintar y de algún modo perpetuar esas imágenes, convertir una idea, un recuerdo o una sensación en algo físico. Para mí esa es la verdadera alquimia, transmutar lo inmaterial en libros, esculturas, melodías, pinturas…
Si esta segunda interpretación es la correcta, lo cierto es que el pintor consigue transmitirlo con una pintura realmente sencilla y directa y quizás eso sea lo que la hace tan subversiva.
Los paseos de Euclides (1955).

Aquí tenemos otro de los temas recurrentes del pintor belga: las pinturas sobre pinturas. En esta ocasión vemos el panorama de una ciudad con una torre cónica en primer plano y una gran avenida que simula ser otra torre o viceversa. Magritte crea una ilusión óptica muy ambigua, ya que tanto la panorámica de la ventana como la del lienzo supuestamente coinciden.
Pero la pintura frente a la ventana, puede reproducir la realidad oculta u ocultarla y alterarla. Lo que parece posible o incluso evidente, puede ser en realidad una ilusión engañosa y surgen múltiples posibilidades a medida que uno piensa más allá de lo inmediatamente obvio. Quizá el pintor del lienzo lo puso frente a la ventana para mostrar su habilidad para crear copias exactas de la realidad. Quizá el propósito del lienzo era ocultar una realidad indeseable y sustituirla por otra más atractiva o tal vez no hay ningún lienzo y lo que vemos es simplemente una vista desde una ventana a través de un cristal transparente. Para rizar el rizo, creo que sería interesante poder ver como Magritte pinta esta panorámica delante de esa panorámica, como en su pintura La clairvoyance, de la que existe una foto del autor mientras la pinta, creando un efecto paradójico muy interesante.


Y por último, aunque la mención de Euclides en el título parece fuera de lugar, puede leerse como un comentario sobre la estrecha relación entre la pintura y la geometría proyectiva, un tipo de geometría no euclidiana, pero que puede tratarse como euclidiana.
Títulos de las pinturas y localización:
– Le empire des lumières (1950) MOMA Museum of Modern Art, New York.
– Le blanc-seign (1965) National Gallery of Art, Washington D.C.
– Le lieu commun (1964) Colección privada.
– Tentative de l’impossible (1928) Toyota Museum of Art, Toyota.
– Les promenades d’Euclide (1955) Minneapolis Institute of Art.
– La clairvoyance (1936) Colección privada.





Existen al menos otras tres versiones de esta pintura, una de ellas es todavía más perturbadora, puesto que es una escena nocturna, las esferas se recortan difusamente contra un cielo negro y parecen aún más enigmáticas y amenazantes.