Bartleby, el escribiente

Acabo de releer Bartleby, el escribiente por tercera o cuarta vez en mi vida, una narración que me sigue fascinando como la primera vez y en la que sigo encontrando matices e interpretaciones distintas con cada lectura.

Es un relato muy interesante que creo, merece un buen análisis en profundidad y lo cierto es que para analizarlo podría hablar de las implicaciones filosóficas, psicológicas y sociales que he encontrado, podría hablar de la rebeldía de un hombre ante la sociedad, podría hablar de soledad, de depresión o de locura, también podría hablar de que quizá sea una proyección inconformista del autor o de los paralelismos que existen entre Bartleby y el narrador/empleador como si ambos fueran reflejos especulares o dobles psicológicos.

También podría hablar del efecto que produce el comportamiento de Bartleby en su jefe, que se devana los sesos intentando comprenderle pero sin conseguirlo, porque carece de las herramientas para ello.

Podría decir que la pasividad de Bartleby puede ser una denuncia ante un sistema que se dedica a usar a los individuos como si fueran máquinas, una especie de resistencia pasiva no muy bien vista en un sistema económico que necesita de la productividad y efectividad del trabajador, para obtener beneficios a cualquier precio a costa del tiempo vital del individuo.

Podría hablar de que esa resistencia pasiva es impensable e incluso perjudicial, ya que genera el rechazo de la mayoría, alienada y educada para servir y trabajar sin pensar mucho, ni cuestionarse nada y que esa rebeldía puede tener consecuencias en un sistema que castiga al librepensador.

Quizá Melville sintiera algo de todo esto cuando escribió el relato en 1853, quizá ya vislumbraba esa alienación y la abominación en la que se iba a convertir el capitalismo.

Podría aventurar que Bartleby quizá sea la personificación del último hombre libre, incluso podría hablar de la atmósfera absurda que envuelve a la narración y que me hace pensar que podría haberlo firmado el mismísimo Kafka, ya que me recuerda a su relato Un artista del hambre o al Wakefield de Nathaniel Hawthorne.

Podría hablar de muchas cosas pero… Preferiría no hacerlo.

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Llamadas telefónicas – Roberto Bolaño

«Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad».

Historias de perdedores, de amores imposibles y desamores, de poetas y escritores, historias cargadas de nostalgia y de dolor, recuerdos desteñidos, a los que el tiempo ha robado su color.

Así son las historias del chileno Roberto Bolaño, relatos que arrancan de manera trivial, como si el autor estuviera rememorando algunos episodios de su vida, a los que poco a poco va añadiendo detalles ficticios, quizá para hacer más llevadero el dolor o la carga que acarrean esos recuerdos.

En sus páginas abundan los personajes infelices y derrotados, abandonados ya a la desesperanza y al fracaso. Hombres y mujeres rotos, maltratados por la vida y por la gente que se ha cruzado en su camino, que se han instalado en el tedio o en la locura y parecen no querer luchar para cambiar las cartas, que el destino ha barajado para ellos.

Conecto mucho con Bolaño, esa melancolía, dolor y soledad que destilan sus escritos, activa algunos resortes en mi mente y en mi corazón y me deja tocado por unos días, por eso mis acercamientos a su obra suelen ser muy espaciados en el tiempo, pero siempre gratificantes a su manera.

Su estilo, simple y lleno de reflexiones, me contagia y muchas veces me sorprendo pensando, no en lo que me cuenta, si no en episodios de mi vida, que a veces tienen poco o nada que ver con lo que estoy leyendo, pero que por una suerte de empatía o analogía extraña o quizá alquimia literaria, parecen estar relacionados. Quizá sea porque habla de sentimientos, sensaciones y experiencias vitales que todos hemos pasado o pasaremos algún día.

En cualquier caso, este libro de relatos, si bien irregular en cuanto a calidad literaria, bordea la excelencia en el aspecto emocional y al final para mi es lo que importa, que me remueva por dentro y me haga crecer de alguna manera.

El libro consta de catorce relatos, algunos de marcado tinte autobiográfico y entre ellos yo destacaría: Sensini, Henri Simon Leprince, Una aventura literaria, El Gusano, Detectives y Vida de Anne Moore. Son cuentos cortos, así que no quiero comentar nada de ellos, para no desvelar las tramas.

Roberto Bolaño es uno de los grandes escritores latinoamericanos, que por desgracia se fue pronto, esperando un transplante de hígado que nunca llegó.

Nunca sabremos hasta donde habría llegado su genio de haber seguido con vida, lo que si es cierto es que nos dejó un buen puñado de obras maestras, como Los detectives salvajes, Estrella distante o 2666, para deleite de quien quiera acercarse a un escritor diferente, que de adolescente robaba libros de Camus, Rulfo y Pierre Louys en las librerías de México D.F. y que en algunos momentos de su vida llevó una existencia paupérrima, casi de poeta maldito, como esos que pueblan sus historias y que acaban por consumirse en su propio genio y fuego interno, pero que antes de desaparecer nos legan obras sublimes, de esas que trascienden el tiempo y el espacio.

«Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. […] El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte».

Beltenebros

«Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca».

Con esta frase tan contundente comienza Beltenebros, una novela negra escrita por Antonio Muñoz Molina en 1989. Beltenebros, nombre de resonancia quijotesca, oscuro y enigmático, tanto como la historia que aquí se nos presenta.

Una novela en la que nada ni nadie es lo que aparenta ser, una suerte de habitación llena de espejos, humo y claroscuros que no nos permite distinguir que es real y que es impostura.

Magistral prosa onírica.

Muñoz Molina nos introduce en la historia con una prosa extremadamente descriptiva, como si de una vieja película en blanco y negro se tratase, como si estuviéramos en un vetusto cine, sentados ante la pantalla observando la sucesión de imágenes creadas por el autor, en lugar de tener un libro entre las manos.

Una prosa cargada de melancolía y tristeza, como si al leer lo que aquí se nos cuenta, escarbara en las heridas y cicatrices que todos hemos ido acumulando a los largo de nuestras vidas y en la que afloran sentimientos que parecían enterrados. Preguntándonos si de verdad vivimos eso en algún momento pasado o sólo lo estamos imaginando.

Una prosa irreal, ambigua, onírica, como de sueño lúcido, en el que estamos rodeados de nuestros fantasmas y los de otros. Un sueño que a veces se convierte en pesadilla, cuando por un instante tenemos la certeza de que no estamos soñando, sino que estamos muy despiertos. Entonces el miedo y la desesperación se adueñan de nosotros porque todo es real, demasiado real.

Dicen que el pasado siempre vuelve y en esta historia no sólo se empeña en volver, sino que se enseñorea de manera brutal de las vidas de los que por ella transitan. Unos personajes que por momentos no pueden saber en que tiempo habitan, pues todo converge en un presente que parece que fue ayer y que por suerte o desgracia, nunca será mañana.

Un Madrid tenebroso y fantasmal.

Beltenebros es una novela muy negra, densa como el alquitrán, una vez que te atrapa entre sus pegajosas garras ya no puedes escapar. Te hace formar parte de la historia, convirtiéndote en espectador pasivo y lo ves todo a través de los ojos del capitán Darman, un antiguo oficial del ejército republicano, que vive en el exilio y que actúa como sicario para una organización comunista, de la que recibe el encargo de viajar al Madrid de la España franquista, para eliminar a un traidor.

Un viaje en el que se enfrentará cara a cara con los fantasmas y demonios de su pasado, mientras recorre los bajos fondos de un Madrid que le parece extraño y apenas reconoce, pues veinte años atrás decidió que era mejor arrojarlo al olvido.

Amor, odio, traición, locura, muerte, engaño, pasión, todo se entremezcla en un lugar y un momento plagado de personajes, que sólo son sombras y marionetas que bailan al son de un destino implacable.

El equivalente literario a una buena película noir.

Es mi primer acercamiento a Antonio Muñoz Molina y desde luego, puedo decir que no será el último, me ha cautivado ese estilo suyo y esa cadencia a la hora de contar la historia. Un estilo denso e intenso, hipnótico por momentos y con una opresiva y cinematográfica atmósfera, que me ha hecho devorar la novela en apenas día y medio.

Beltenebros es una novela negra de las buenas, de las que ya no se escriben, con mucha intriga, introspección y dilemas morales. Con personajes muy bien definidos y que al acabarla nos deja satisfechos, como una buena película noir; una de esas en blanco y negro, con antihéroes y personajes destruidos y donde tras cada sombra, acecha un asesino o peor aún, el pasado dispuesto a cobrarse la deuda pendiente.

 

Dersú Uzalá

En aquellos días de cuarentena y reclusión forzosa en casa, cuando no se podía salir, ni siquiera a dar un paseo por la calle o los bosques de los alrededores, descubrir por casualidad libros como este que reseño hoy, fue todo un placer y una válvula de escape contra la monotonía y el encierro. No pude salir de casa, pero en cambio me pasé cinco días vagando por los bosques y la taiga del lejano oriente ruso, acompañando a Arséniev y Dersú, en sus exploraciones y admito que fue toda una aventura.

Un clásico de obligada lectura en las escuelas rusas.

Dersú Uzalá es un clásico de la literatura rusa. Fue escrito por el militar y explorador Vladímir Arséniev en 1923 y relata las memorias de una expedición por la cuenca del río Ussuri y las montañas Sijoté-Alín en el extremo oriental del Imperio ruso en 1908. Expedición que sirvió para explorar y cartografíar toda esa región, que en aquel momento era prácticamente desconocida.

Un libro plagado de descripciones geográficas, zoológicas, botánicas y etnográficas, pero también lleno de pequeñas historias humanas del día a día de una expedición, que se va abriendo paso por un territorio inexplorado y muchas veces hostil, en lucha constante contra los elementos y lo que es más importante, lleno de profundas reflexiones del autor, nacidas de la observación. Unas reflexiones que destilan gran sensibilidad, maravillándose a cada paso ante el encuentro con una naturaleza bella e indómita y a la vez urgencia y tristeza por el futuro sombrío e incierto de esa naturaleza, que ya empezaba a ser explotada y destruida sistemáticamente.

Es ahora, poco más de cien años después de esa expedición, cuando estamos viendo toda esta devastación, muerte y extinción de innumerables especies provocadas por la falta de conciencia del ser humano y por este capitalismo devorador e insostenible que se ha enseñoreado del planeta, como un virus letal, quizá por eso es un libro de obligada lectura en las escuelas rusas.

 


La naturaleza como protagonista.

El libro tiene dos grandes protagonistas: uno es la naturaleza y todos los seres que viven en ella, tanto vegetales como animales, es fantástico ver la variedad y la exuberancia de todas esas especies y los encuentros de los exploradores con los animales salvajes, como el tigre del Amur. Encuentros que tienen algo de místico, algo trascendental, quizá es la manera que tiene la naturaleza de exigir respeto al ser humano, mediante esos señores del bosque a los que hay que temer y rendir pleitesía, puesto que encarnan todo lo que es el mundo natural: belleza y peligro, vida y muerte.

Quien se haya adentrado alguna vez en un bosque sabe muy bien de lo que hablo, a cada paso uno puede maravillarse, pero también puede ponerse en peligro si no está atento, la naturaleza es bella pero implacable.

Las detalladas descripciones de Arséniev nos permiten visualizar muy bien ese entorno en el que se van moviendo, la magnificencia de todo lo que encuentran, ya sea la majestuosidad de un animal o un paisaje, la sorpresa ante el descubrimiento de algo totalmente desconocido o el peligro que conlleva el desbordamiento repentino de un río o hallarse inmersos en una tormenta salvaje de varios días de duración. No deja de haber cierta belleza poética en todo ello, la toma de conciencia de que el ser humano es insignificante y ajeno a ese entorno, al que parece no estar conectado ya.

 

Dersú Uzalá: el hombre del bosque.

El otro gran protagonista es Dersú Uzalá, un cazador nómada de la etnia Gold (Hezhen) que acompaña a la expedición en calidad de guía. Es un personaje bastante peculiar, todo un hombre de los bosques, que conoce su entorno como la palma de su mano, rastrea huellas, predice el tiempo, encuentra comida, todo un seguro de vida para Arséniev y los suyos.

Pero también es un hombre con conciencia, puesto que no mata indiscriminadamente, sino que caza lo necesario para subsistir, no destruye su entorno, sino que se adapta a él y toma lo que le puede ofrecer sin abusar. Además al ser animista cree que todo lo que existe tiene alma y está vivo, ya sea un árbol, una piedra, el agua del río o una hormiga, por lo tanto siente un profundo respeto hacía todo.

Por otra parte, su concepción del mundo y el universo es primitiva y básica, pero parece entender los mecanismos y leyes de la naturaleza muchísimo mejor que el resto de expedicionarios, que supuestamente son más cultos y sofisticados que él.

Una trágica historia de amistad.

A lo largo del libro nos vamos dando cuenta de que Arséniev siente un profundo respeto y cariño por la figura de Dersú, le parece un hombre fascinante del que puede aprender mucho, así que cuando este le confiesa que su vista se ha deteriorado por la edad y ya no puede cazar bien, Arséniev se da cuenta de que no puede dejarle en el bosque, una persona que depende de sus sentidos para subsistir en un entorno hostil se convierte automáticamente en una presa fácil, así que al acabar la expedición decide llevárselo a la ciudad con él.

Pero en Jabárovsk la vida no es fácil para Dersú, puesto que se siente como un animal enjaulado dentro de la casa, además no entiende que no pueda disparar su rifle o que la gente de la ciudad tenga que pagar por el agua o la leña. Así que una mañana decide coger sus cosas y marcharse otra vez al bosque y un par de semanas después Arséniev recibe un telegrama diciéndole que lo han encontrado muerto, asesinado por unos ladrones.

Triste colofón para esta bella historia de amistad y supervivencia.

El libro como fuente impagable de información

El libro está plagado de minuciosas descripciones de la flora, fauna y orografía. Esto puede resultar tedioso para el lector al que no le interesen estas cosas o esté acostumbrado a una lectura más rápida, pero no debemos olvidar que es un libro basado en el diario de una expedición, así que es comprensible que todos estos datos aparezcan. Por otra parte es una fuente impagable de información, que permite hacerse una mejor idea del entorno.

También hay detalladas informaciones sobre las etnias que habitaban la zona y sus problemas de convivencia, Udejeys, buscadores de oro coreanos, pescadores japoneses, bandidos chinos (Honghuzis), Tazás, colonos y viejos creyentes rusos (Raskólniki). Incluso se documenta algún que otro hecho inexplicable de tinte sobrenatural.

En definitiva, todo un tesoro de información de un mundo ya desaparecido pero no tan lejano en el tiempo. Un libro que nos permite enamorarnos una vez más de la naturaleza y concienciarnos de que su destrucción, es también la nuestra.

La cordillera Sijoté-Alín

La cordillera de Sijoté-Alín se extiende a lo largo de 900 km y cubre los Krai de Khabarovsk y Primorsky, de clima templado, esta cubierto por bosques y montañas cuyas cimas más altas son el Tordoki Yani (2077 mts), el Ko (2033) y el Anik (1933).

Hoy en día esta considerada como reserva natural y desde 2001 patrimonio de la humanidad por la Unesco. La caza y pesca están prohibidas, con el ánimo de proteger las especies que lo habitan, entre las que se cuentan el reno, el oso pardo, el tigre siberiano, el leopardo del Amur e innumerables especies de aves, insectos y plantas.



Kurosawa y su homenaje a Dersú Uzalá.

Como dato final, también me gustaría destacar que en 1975 el japonés Akira Kurosawa realizó una película sobre este libro. Película de culto hoy en día en la que el director supo reflejar con mucha sensibilidad la historia de amistad entre los dos protagonistas y su relación con la naturaleza y por la que ganó el Oscar al año siguiente. Todo un homenaje a Dersú Uzalá del que me gustaría hablar en el futuro.