Vanitas – Arte que nos recuerda la futilidad de la vida

Esta mañana paseando por el bosque, disfrutando de la explosión primaveral de la vida, me encontré el cadáver mutilado y en descomposición de un animal, que no pude reconocer. Me pareció paradójico que entre tanta vida latente, apareciera ese cuerpo inerte que otrora estuvo vivo. Recordándome que la vida también es muerte y que de la muerte nace la vida. Mientras me alejaba, me vino a la mente una pintura de Philippe de Champaigne titulada Naturaleza muerta con calavera y me puse a pensar en lo efímero de la existencia. Como vida y muerte se entrelazan de tal manera y están tan presentes, que a veces ni lo advertimos, a no ser que nos golpee directamente. Hoy me gustaría hablaros de la Vanitas, un género artístico que surgió en el Barroco, que mostraba eso: la futilidad de la vida y la presencia continua de la muerte.

“Naturaleza muerta con calavera” (1671) de Philippe de Champaigne, Musée de Tessé. Le Mans.

Orígenes

Los orígenes de la Vanitas se encuentran en las representaciones de la muerte, que han manifestado prácticamente todas las culturas desde la prehistoria. Generalmente se representan con esqueletos o calaveras. Pero la Vanitas tienen un carácter moralizante y reflexivo, así que podríamos decir que su antecedente directo más antiguo son los Memento Mori romanos. La frase que supuestamente repetían los siervos a los generales romanos en sus triunfos, para recordarles que eran mortales y las glorias efímeras. Normalmente aparecían en frescos, figurillas y mosaicos con frases como la manida Carpe diem (“aprovecha el día”), Nosce te ipsum (“conócete a ti mismo”) o la ya mencionada Memento mori (“recuerda que morirás”).

“Carpe diem” mosaico pompeyano. (s. I a. C.) Museo arqueológico nacional de Nápoles.

Las danzas de la muerte


Durante la Edad Media, la epidemia de peste negra que asoló Europa, hizo que la gente tomara conciencia de lo efímero de la vida de una manera brutal. La muerte a gran escala se convirtió en algo cotidiano y esa normalización le dio un carácter pavoroso.
Fue en esa época cuando aparecieron las danzas de la muerte, que tenían un doble sentido. Por una parte el religioso y moralizante y por otra el satírico, ya que en una sociedad tremendamente desigual, la muerte igualaba a todos al final del camino. En estas representaciones normalmente aparecen esqueletos bailando despreocupadamente o conduciendo vivos de todos los estratos sociales hacia la tumba. Algunas de las representaciones más famosas corrieron a cargo de Hans Holbein el joven y de Michael Wolgemut.

“Danse Macabre” de Michael Wolgemut (1493).

Vanitas

Y llegamos al Barroco y a la Vanitas propiamente dicha. Su nombre deriva de una pasaje del Eclesiastes (Ec 1,2): Vanitas vanitatum et omnia vanitas (“vanidad de vanidades, todo es vanidad). Pero en este caso vanidad no tiene nada que ver con arrogancia, sino con la acepción latina de vanidad: futilidad, caducidad, vacío… Animando con ello a adoptar un punto de vista y modo de vida más estoico. Estas obras seguirán el camino marcado por sus predecesores, incidiendo en lo efímero de la vida y los placeres terrenales y en la omnipresente muerte que nos espera.

“Vanidades” (1658) de Harmen Steenwijk, National Gallery, Londres.

El movimiento surge en los Países Bajos donde gozó de muy buena fama, ya que su intención moralizante fue muy del agrado de la rígida religión calvinista profesada por entonces, para extenderse poco después por el resto de países de Europa occidental. Las pinturas tienen una temática similar a los bodegones, pero en lugar de mostrar frutas u otros manjares, muestran objetos valiosos, libros, armas o flores, pero siempre con el contrapunto de la muerte rondando, en forma de calaveras, fruta podrida, polvo y relojes de arena.

“Naturaleza muerta con autorretrato” (1628) de Pieter Claesz, Germanisches Nationalmuseum, Nuremberg.
“Vanitas” (1663) de Edwaert Collier, Museo nacional de arte occidental, Tokyo.

Vanitas en España.

En España el genero Vanitas, también tuvo buena acogida, aunque se le denominó Desengaño. Dada la naturalidad contrarreformista del país, el genero adquirió un componente más religioso y pesimista aún si cabe. Dos pintores sobresalieron sobre el resto: El vallisoletano Antonio de Pereda y el sevillano Juan de Valdés Leal. El primero formado en la escuela tenebrista, gozó de popularidad y buenos encargos en la corte, gracias a su calidad y obras como El sueño del caballero o La inmaculada concepción. Por su parte Valdés Leal pintor de gran imaginación, pero irregular en sus acabados es conocido sobre todo por los dos Jeroglíficos de las postrimerías, pintados para el Hospital de la Caridad de Sevilla, donde aún se conservan. Son dos macabras alegorías de la vanidad y la muerte de gran factura.

“Alegoría de la vanidad” (1636) de Antonio de Pereda. Kunsthistorischesmuseum Vienna.
“In ictu oculi & Finis gloriae mundi” (1672) de Juan de Valdés Leal, Iglesia del hospital de la caridad, Sevilla.

Hasta aquí la breve entrada de hoy, ya veis lo que da de sí un encuentro con una animal muerto en un bosque. Viene bien como recordatorio de que hay que vivir el presente de una manera más consecuente y consciente. Al final de cada uno de nuestros caminos nos espera lo mismo. La Parca; la gran niveladora. A esa le da igual cuántas posesiones y riquezas tengamos o cuánta fama hayamos atesorado. Todo eso no nos lo podremos llevar al otro lado en nuestro viaje con ella. Al final lo único que cuenta son las experiencias vividas. Porque realmente y a una escala cósmica, no somos nada, somos insignificantes. Incluso los personajes más famosos de la historia, algún día serán totalmente olvidados. Nos encaminamos hacia el vacío y el olvido. Incluso me atrevería a decir que hasta la muerte morirá algún día, cuando se haya enseñoreado de todo el universo, cuando no quede nada vivo que llevarse, su función habrá acabado y por lo tanto desaparecerá.

“Naturaleza muerta” (1642) de Adrien Van Utrecht, Colección privada.

 

Piedra de sol – Un poema de Octavio Paz

Piedra de sol es el título de este poema surrealista de Octavio Paz que os presento hoy. Toma su nombre del calendario mexica y consta de 584 endecasílabos, el mismo número que días tarda el planeta Venus (Quetzalcoatl) en realizar la conjunción con el Sol (Tonaiuth). Es un poema extenso y circular que parece imitar la rotación de dicho planeta.

Se pueden hacer múltiples interpretaciones sobre su significado ya que este texto es infinito e inagotable y de seguro se puede descubrir algo nuevo con cada lectura. Algunas de esas interpretaciones son: El amor, la mujer, la memoria, los sueños o la búsqueda del “yo” en la otredad. Pero a mí lo que más me ha resonado es el tratamiento del tiempo. Un tiempo que parece detenido en un instante infinito. El poeta consigue atraparnos en el poema que al ser circular, actúa como un vórtice del que no podemos escapar. Esa condición circular del poema parece hablarnos también del eterno retorno, esa idea que postula que el tiempo es circular y que a diferencia de la visión cíclica del tiempo, no existen ciclos ni nuevas combinaciones, sino que los mismos acontecimientos se repiten en el mismo orden, una y otra y otra vez, sin ninguna posibilidad de cambio. De esta forma, podemos asumir que todo lo ocurrido y lo que ocurre, ya ha ocurrido y será así por toda la eternidad. Nietzsche va aún más allá, declarando que no solo los acontecimientos se repiten, sino también las ideas, pensamientos y sentimientos. Esto me hace pensar que si todos repetimos nuestras vidas una y otra vez, yo ya había escrito este artículo y tú lector, ya lo habías leído y lo volverás a leer infinitas veces. Todas las vidas y lineas temporales deben estar solapadas, todo debe estar ocurriendo simultáneamente en un único bucle eterno. De ser así, el universo es la creación de un demiurgo retorcido.

También me ha resonado mucho la búsqueda del instante; el encuentro consigo mismo, ese instante donde todos los tiempos convergen y donde habita el ser genuino. Un ser despojado de todas las máscaras que muestra su verdadero rostro y esencia y que por ello queda anclado a la infinitud de ese instante. Otra constante a lo largo del poema, es la búsqueda del tiempo poético. Ese instante en el que poeta, poesía y lector se funden y se crea algo relevante e infinito. Piedra de sol esta cargado de imágenes nítidas y poderosas que dan sentido trascendente a la obra. El propio autor en su ensayo El arco y la lira nos dice a este respecto: << la imagen es una frase en la que la pluralidad de significados no desaparece… La imagen se explica a sí misma. Nada, excepto ella, puede decir lo que quiere decir. Sentido e imagen son la misma cosa. Un poema no tiene más sentido que sus imágenes.>> Así podemos entender que el poema mediante sus imágenes nos transmite una especie de revelación, el lenguaje poético nos hace recordar nuestra condición paradójica. Nos hace recordar lo que hemos olvidado, nuestra verdadera esencia. Quizá esto explique lo que se siente cuando un poema nos resuena y sentimos algo fugaz, una “revelación” que por un instante nos hace sentir que hemos conectado con algo inmenso, pero que nos hace sentir extraños a la vez. Algo que nuestra mente racional es incapaz de procesar porque no puede entenderlo. Quizá las imágenes poéticas sean una llave maestra que abra y active resortes en nuestro inconsciente. Quién sabe…

Reconozco que me resulta muy complicado hablar de poesía, porque es como desnudarse. Incluso a veces ni siquiera encuentro las palabras para definir ese fugaz momento que he vivido, pero ya veis que da mucho juego para divagar. Así que os animo a que me dejéis vuestras opiniones y sensaciones después de leer el poema. Por cierto, os recomiendo que la primera lectura sea del tirón para que os dejéis llevar por su ritmo mesmerizante. Piedra de sol es todo un monumento y una obra maestra de la lengua española.

Piedra de sol

Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,

escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano? y todos los veranos?
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto? ¿siempre un cuarto?
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños? “ya es muy tarde”
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total…
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo predilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombre de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas” (el sol nace,
morir es despertar: “Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida”),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
?el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos?,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacados en la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima…
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima…
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuando somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, ¿todos somos
la vida? pan de sol para los otros,
¿los otros todos que nosotros somos?,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chofer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias . . .

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

— Octavio Paz

Piedra de sol”, escrito en 1957 e incluido en su poemario “Libertad bajo palabra” (1960).

Tabaquería – Un poema de Fernando Pessoa

Tabaquería es uno de los poemas más deslumbrantes del siempre poliédrico, Fernando Pessoa. Escrito en 1928 bajo la máscara de su heterónimo Álvaro de Campos, nos encontramos ante un poema que destila pesimismo a raudales. Pero también ante un ejercicio de introspección muy profundo y poderoso.

Porque aunque el tono del poema es derrotista y depresivo, ya desde el inicio nos podemos dar cuenta de que esta escrito de una manera sublime, construido con versos demoledores y acompañado de certeras metáforas, en las que Pessoa relaciona lo metafísico con lo cotidiano de una manera magistral. El poeta consigue hacernos partícipes de su dolor y de su sensación de fracaso, pero al final, todo ello actúa como un artefacto catártico. Esto me recuerda a Autopsicografía, otro de sus grandes poemas: “El poeta es un fingidor/Finge tan completamente,/que hasta finge que es dolor,/el dolor que en verdad siente./Y quienes leen lo que escribe,/sienten, en el dolor leído,/no los dos que el poeta vive,/sino aquél que no han tenido.”

Todos nos hemos sentido así en algún momento de nuestras vidas y quizá no encontramos las palabras para expresarlo, suerte que tenemos poetas como Pessoa, que transmutan sentires en palabras. Pero no quiero extenderme más, os dejo con esta joya en la soberbia traducción de Octavio Paz.

“Retrato de Fernando Pessoa” (1964) de José Almada Negreiros, Museu Calouste Gulbenkian, Lisboa.

 

Tabaquería

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
cuarto de uno de los millones en el mundo que nadie sabe quién son
(y si lo supiesen, ¿qué sabrían?)
Ventanas que dan al misterio de una calle cruzada constantemente por la gente,
calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, cierta, desconocidamente cierta,
con el misterio de las cosas bajo las piedras y los seres,
con el de la muerte que traza manchas húmedas en las paredes,
con el del destino que conduce al carro de todo por la calle de nada.

Hoy estoy convencido como si supiese la verdad,
lúcido como si estuviese por morir
y no tuviese más hermandad con las cosas que la de una despedida,
y la hilera de trenes de un convoy desfila frente a mí
y hay un largo silbido
dentro de mi cráneo
y hay una sacudida en mis nervios y crujen mis huesos en la arrancada.

Hoy estoy perplejo, como quien pensó y encontró y olvidó,
hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
a la Tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Como no tuve propósito alguno tal vez todo fue nada.
Lo que me enseñaron
lo eché por la ventana del traspatio.
Ayer fui al campo con grandes propósitos.
encontré sólo hierbas y árboles
y la gente que había era igual a la otra.
Dejo la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!

¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo
y la historia no recordará, ¿quién sabe?, ni uno,
y sólo habrá un muladar para tantas futuras conquistas.
No, no creo en mí.
¡En tantos manicomios hay tantos locos con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna ¿puedo estar en lo cierto?
No, en mí no creo.
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
genios-para-sí-mismos a esta hora están soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, de veras altas y nobles y lúcidas-
quizá realizables,
no verán nunca la luz del sol real ni llegarán a oídos de la gente?

El mundo es para los que nacieron para conquistarlo
no para los que sueñan que pueden conquistarlo, aunque tengan razón.
He soñado más que todas las hazañas de Napoleón.
He abrazado en mi pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he pensado en secreto más filosofías que las escritas por ningún Kant.
Pero soy y seré siempre el de la buhardilla,
aunque no viva en ella.
Seré siempre el que no nació para eso.
Seré siempre sólo el que tenía algunas cualidades,
seré siempre el que aguardó que le abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta,
el que cantó el cántico del Infinito en un gallinero,
el que oyó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? Ni en mí ni en nada.
Derrame la naturaleza su sol y su lluvia
sobre mi ardiente cabeza y que su viento me despeine
y después que venga lo que viniere o tiene que venir o no ha de venir.
Esclavos cardíacos de las estrellas,
conquistamos al mundo antes de levantarnos de la cama;
nos despertamos y se vuelve opaco;
salimos a la calle y se vuelve ajeno,
es la tierra y el sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(Come chocolates, muchacha,
¡Come chocolates!
Mira que no hay metafísica en el mundo como los chocolates,
mira que todas las religiones enseñan menos que la confitería.
¡Come, sucia muchacha, come!
¡Si yo pudiese comer chocolates con la misma verdad con que tú los comes!
Pero yo pienso y al arrancar el papel de plata, que es de estaño,
echo por tierra todo, mi vida misma.)

Queda al menos la amargura de lo que nunca seré,
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico que mira hacia lo imposible.
Al menos me otorgo a mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble al menos por el gesto amplio con que arrojo,
sin prenda, la ropa sucia que soy al tumulto del mundo
y me quedo en casa sin camisa.

(Tú que consuelas y no existes, y por eso consuelas,
Diosa griega, estatua engendrada viva,
patricia romana, imposible y nefasta,
princesa de los trovadores, escotada marquesa del dieciocho,
cocotte célebre del tiempo de nuestros abuelos,
o no sé cual moderna -no acierto bien la cual-
sea lo que seas y la que seas, ¡si puedes inspirar, inspírame!
Mi corazón es un balde vacío.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus me invoco,
me invoco a mí mismo y nada aparece.
Me acerco a la ventana y veo la calle con una nitidez absoluta.
Veo las tiendas, la acera, veo los coches que pasan,
veo los entes vivos vestidos que pasan,
veo los perros que también existen,
y todo esto me parece una condena a la degradación
y todo esto, como todo, me es ajeno.)

Viví, estudié, amé y hasta tuve fe.
Hoy no hay mendigo al que no envidie sólo por ser él y no yo.

En cada uno veo el andrajo, la llaga y la mentira.
y pienso: tal vez nunca viviste, ni estudiaste, ni amaste, ni creíste
(Porque es posible dar realidad a todo esto sin hacer nada de todo esto.)
Tal vez has existido apenas como la lagartija a la que cortan el rabo
Y el rabo salta, separado del cuerpo.

Hice conmigo lo que no sabía hacer.
Y no hice lo que podía.
El disfraz que me puse no era el mío.
Creyeron que yo era el que no era, no los desmentí y me perdí.
Cuando quise arrancarme la máscara,
la tenía pegada a la cara.
Cuando la arranqué y me vi en el espejo,
estaba desfigurado.
Estaba borracho, no podía entrar en mi disfraz.
Lo acosté y me quedé afuera,
Dormí en el guardarropa
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo.
Voy a escribir este cuento para probar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como cosa que yo hice
y no encontrarme siempre enfrente de la Tabaquería de enfrente:
Pisan los pies la conciencia de estar existiendo
como un tapete en el que tropieza un borracho
o la esterilla que se roban los gitanos y que no vale nada.

El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta y se instala contra la puerta.
Con la incomodidad del que tiene el cuello torcido,
con la incomodidad de un alma torcida, lo veo.
El morirá y yo moriré.
El dejará su rótulo y yo dejaré mis versos.
En un momento dado morirá el rótulo y morirán mis versos.
Después, en otro momento, morirán la calle donde estaba pintado el rótulo
y el idioma en que fueron escritos los versos.
Después morirá el planeta gigante donde pasó todo esto.
En otros planetas de otros sistemas algo parecido a la gente
continuará haciendo cosas parecidas a versos,
parecidas a vivir bajo un rótulo de tienda,
siempre una cosa frente a otra cosa,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan cierto como el misterio de la superficie,
siempre ésta o aquella cosa o ni una cosa ni la otra.

Un hombre entra a la Tabaquería (¿para comprar tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente sobre mí.
Me enderezo a medias, enérgico, convencido, humano,
y se me ocurren estos versos en que diré lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarro la libertad de todos los pensamientos.
Fumo y sigo al humo con mi estela,
y gozo, en un momento sensible y alerta,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es el resultado de una indisposición.
y después de esto me reclino en mi silla
y continúo fumando.
Seguiré fumando hasta que el destino lo quiera.

(Si me casase con la hija de la lavandera
quizá sería feliz).
Visto esto, me levanto. Me acerco a la ventana.
El hombre sale de la Tabaquería (¿guarda el cambio en el bolsillo del pantalón?),
ah, lo conozco, es Estevez, que ignora la metafísica.
(El Dueño de la Tabaquería aparece en la puerta).
Movido por un instinto adivinatorio, Estevez se vuelve y me reconoce;
me saluda con la mano y yo le grito ¡Adiós, Estevez! y el universo
se reconstruye en mí sin ideal ni esperanza
y el Dueño de la tabaquería sonríe.

– Fernando Pessoa

”Tabacaria” (1928).

 

El mito de Perseo por Edward Burne-Jones

Edward Burne-Jones fue un pintor de la Hermandad Prerrafaelita. Nacido en 1833 en Birmingham, ya desde muy joven demostró una gran pasión por el arte. En 1853 ingresa en el Exeter College de Oxford, donde se hace amigo inseparable del poeta William Morris, juntos se apasionaron por la historia y la literatura medieval, al mismo tiempo que denostaban la imparable revolución industrial, que a sus ojos estaba acabando con las tradiciones y la belleza del arte. Un año después conoce a los prerrafaelitas y queda prendado por el arte de Dante Gabriel Rossetti, que le anima a dejar sus estudios y dedicarse a la pintura.

Éste fue el punto de inflexión en la vida de Burne-Jones. Gracias a los consejos y a la ayuda de Rossetti y sobre todo a su gran talento, poco a poco comienza a hacerse un nombre en la escena. La poesía, las leyendas medievales, los temas religiosos y la mitología grecorromana, constituirán gran parte de su producción artística. Y entre todos esos temas mitológicos, hoy os quiero presentar una serie de pinturas que realizó sobre el mito de Perseo.

El mito de Perseo.

Perseo fue un semidiós, hijo de Zeus y de Dánae. Creció en la isla de Serifos junto a su madre. En la isla gobernaba el rey Polidectes, que se enamoró de Dánae y pensando que Perseo iba a ser un estorbo, urdió un plan para desembarazarse de él. Hizo creer a todo el mundo que estaba enamorado de otra princesa y pidió a todos los habitantes de la isla que le entregaran un caballo como presente para conquistarla. Perseo le dijo al rey que no tenía caballos ni oro para comprarlos, pero que si dejaba en paz a su madre, le regalaría lo que quisiera, incluso la cabeza de Medusa, la gorgona que convertía en piedra a todo aquel que la miraba. Así que se lo puso en bandeja a Polidectes, que obviamente le pidió la cabeza de Medusa y al joven no le quedó otra que cumplir su promesa.

La llamada de Perseo (1877). Southampton City Art Gallery.

Perseo se pone en camino.

Con la ayuda de Atenea y Hermes, se pone a buscar a las hijas de Forcis: las Grayas, hermanas de las Gorgonas. Las Grayas eran tres ancianas decrépitas que tenían un solo diente y un solo ojo para las tres, y que se los iban pasando entre ellas. Perseo les arrebató el ojo y a cambio de devolvérselo, les obligó a confesar donde vivían las Náyades, sus otras hermanas (aquí por lo que parece todo dios estaba emparentado). Las Grayas accedieron, pero al final Perseo no cumplió su promesa y arrojó el ojo al lago Tritonis.

Las grayas y perseo (1882). Staatsgalerie Stuttgart.

Perseo se arma hasta los dientes.

Estas Náyades que moraban en la laguna Estigia, le ofrecieron unas sandalias aladas, un Kibisis o bolsa mágica, donde podía guardar la cabeza de Medusa sin peligro y el casco de Hades, que volvía invisible a todo aquel que lo llevara puesto. Además, Atenea le entregó un escudo-espejo y Hermes una hoz con hoja de diamante para decapitar a Medusa. Armado hasta los dientes, nuestro protagonista fue a la caza de la gorgona.

Las ninfas armando a Perseo (1887). Southampton City Art Gallery

La caza de Medusa.

Perseo viaja hasta el País de los Hiperbóreos y se introduce en la guarida de las Gorgonas, mientras éstas duermen entre formas erosionadas de humanos y animales salvajes petrificados. Guiado por Atenea y gracias al escudo-espejo, pudo ver reflejada a Medusa sin convertirse en piedra y la decapitó de un solo tajo. De su cuello ensangrentado nacieron Pegaso y el guerrero Crisaor.

El encuentro con Medusa (1882). Southampton City Art Gallery. (Inacabado).

Las dos Gorgonas restantes e inmortales: Esteno y Euríale, intentan cazar a Perseo para vengar la muerte de su hermana. Pero éste se pone el casco de Hades y consigue escapar gracias a su invisibilidad.

La muerte de Medusa I (1882). Southampton City Art Gallery.
La muerte de Medusa II (1881-82). Southampton City Art Gallery.

Perseo en los dominios de Atlas.

Una vez que escapa de la morada de las Gorgonas; Perseo vuela hasta los dominios de Atlas y le pide hospitalidad, pero el titán recordando una profecía que le había hecho un oráculo, vaticinándole que un día llegaría un hijo de Zeus a robarle las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, se niega y le expulsa de malas maneras. Perseo no se lo toma muy bien y lo convierte en piedra usando la cabeza de Medusa.

Atlas convertido en piedra (1878). Southampton City Art Gallery.

Perseo y Andrómeda.

Nuestro héroe llega a Filistia y allí se encuentra a Andrómeda encadenada a una roca, y como suele pasar en estas historias, ambos se enamoran ipso facto. Pero como también suele suceder en estas historias, la cosa estaba jodida, pintaba a amor imposible. Andrómeda estaba encadenada porque iba a ser ofrecida en sacrificio a Ceto. Una bestia marina que había sido enviada por Poseidón para destruir el reino, ya que Casiopea (la madre de Andrómeda), había tenido la osadía de afirmar que su hija y ella eran más bellas que las Nereidas. Gran error, en temas de egocentrismo y vanidad, los dioses griegos no admitían competencia.

La roca de la perdición (1888). Staatsgalerie Stuttgart.

Pero nuestro protagonista no se da por vencido, así que urde un plan, cuando Ceto aparece para devorar a su víctima, Perseo lo mata con su espada y libera a su amada. Más tarde, en el banquete de bodas, se presenta de improviso Agenor; el prometido de Andrómeda  y la cosa se pone fea. Perseo en vista de que de esa igual no sale airoso, puesto que Agenor ha acudido con un pequeño ejército de esbirros, decide que lo mejor es sacar otra vez la cabeza de Medusa a pasear y convierte a todo dios en piedra.

El destino cumplido (1888). Staatsgalerie Stuttgart.
La cabeza siniestra (1887). Staatsgalerie Stuttgart.

El retorno a casa.

Los dos enamorados deciden volver a Serifos, donde Perseo se entera de que su madre ha huido a refugiarse en un templo para escapar del acoso de Polidectes. Perseo decide tomar cartas en el asunto y se presenta en la corte del rey para darle su “regalo”. Como le había cogido gusto a lo de convertir en piedra a la gente, saca la cabeza una vez más y petrifica a todo el mundo, rey incluido. Después devuelve la sandalias y el casco a Hermes y regala la cabeza de Medusa a Atenea, que la coloca en su escudo.

Y hasta aquí el mito de Perseo (he obviado el final, cuando mata a su abuelo sin querer y acaba convirtiéndose en rey de Tirinto y Micenas), hay unas cuantas variantes y he cogido un poco de cada una. Tampoco he profundizado mucho en la vida del pintor, esto me lo guardo para un futuro artículo, ya que hay mucho de lo que hablar. Espero que hayáis disfrutado con esta entretenida historia, acompañada de estas maravillosas pinturas que creo, la ilustran de manera sublime.

Ya sabéis, espero vuestros comentarios. Siento curiosidad por saber cuáles son vuestros mitos favoritos o qué opináis de los pintores prerrafaelitas como Burne-Jones. Un saludo.

 

 

Un poema de Eugenio Montejo

Para celebrar el Día Mundial de la Poesía, me gustaría compartir con vosotros y vosotras un poema de unos de mis poetas favoritos; el venezolano Eugenio Montejo. Este poema me parece uno de los homenajes más bellos a la poesía. Así que simplemente os lo voy a dejar aquí, sin comentarlo ni nada, para que lo disfrutéis a vuestra manera.

Un saludo y feliz día.

 

LA POESÍA

La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
–ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.

– Eugenio Montejo.

La poesía” incluido en su poemario “Adiós al siglo XX” (1992).

 

 

Mis escritores favoritos

En los últimos tiempos varias personas me han preguntado por mis novelas y escritores favoritos. Si alguna vez habéis intentado hacer una lista de este tipo, sabréis que es una tarea harto difícil y lo cierto es que me ha llevado bastante más tiempo del que pensaba. Aún así, después de varios días dándole vueltas, aquí tenéis una lista con mi Top 10.

 

1) Jorge Luis Borges

Siempre he visto a Borges como una especie de profesor, ya que era una auténtica enciclopedia viviente. El argentino creó un universo literario muy particular, lleno de libros, espejos, simetrías, laberintos, sueños y sobre todo gran erudición y buenos relatos. Redefinió el cuento y fue uno de los precursores del realismo mágico latinoamericano. Acercarse a su obra requiere paciencia y esfuerzo, debido a la gran cantidad de referencias literarias, filosóficas e históricas que salpican sus textos, pero su prosa certera y elegante hace que sea todo un deleite.

Relatos como Las ruinas circulares, El inmortal, La biblioteca de Babel, El milagro secretoEl Aleph o Tlön, Uqbar, Orbis Tertius rozan lo sublime.

 

2) Julio Cortázar

Otro argentino universal, si Borges es como un profesor, Cortázar es el compañero de juegos. Este cronopio gigante de eterna cara añiñada, me ha proporcionado incontables horas de puro deleite. Para mí, la gran virtud de Cortázar estriba en que sus cuentos están vivos, son entes vivos que crean mundos surrealistas, donde lo cotidiano y lo imposible conviven de manera natural.

Novelas como Rayuela o relatos como Continuidad de los parques, El perseguidor, Casa tomada o Axolotl son auténticas obras maestras.

 

3) William Faulkner

Dejamos por un momento los universos fantásticos y aterrizamos en el realismo mas puro de la mano de William Faulkner. Este caballero sureño redefinió la literatura, introduciendo técnicas innovadoras como el monólogo interior, saltos temporales o múltiples narradores. Faulkner exige mucho del lector, sus novelas requieren esfuerzos titánicos de concentración para seguir la historia que nos narra, pero una vez que te atrapa con su prosa hipnótica es muy difícil salir de su mundo. 

La mayoría de sus novelas están ambientadas en el ficticio condado de Yoknapatawpha en Mississippi y retratan la dureza y miseria del profundo sur estadounidense como nadie. El ruido y la furia, Mientras agonizo, Santuario o ¡Absalom, Absalom!, son algunas de sus novelas más representativas.

 

4) Joseph Conrad

Conrad es uno de esos escritores que supo retratar el alma humana como nadie. Sus historias nos hablan de pasiones, dolor, odio, amor y desesperación con una naturalidad increíble. Este marinero polaco de origen aristocrático, había visto mucho mundo y vivido muchas aventuras antes de dedicarse a la escritura, donde volcó buena parte de sus vivencias en lugares exóticos. Esto se refleja muy bien en obras como El corazón de las tinieblas, Lord Jim, Nostromo o Victoria, todas ellas de factura impecable y con una prosa exquisita. Lo cual no esta nada mal para un polaco que escribía en inglés, idioma que aprendió leyendo a Shakespeare, mientras navegaba en buques de la marina británica.

 

5) Italo Calvino

Volvemos a los dominios de la literatura fantástica, esta vez de la mano del italiano Italo Calvino. Un autor que nunca se cansó de fabular e innovar, ya que su imaginación no conocía límites. Como en El castillo de los destinos cruzados, donde los protagonistas no pueden hablar y tienen que contarse historias mediante tiradas de cartas de tarot. O hacer protagonista absoluto al lector en ese magnífico experimento titulado Si una noche de invierno un viajero.

Para mí, Calvino fue el heredero natural de Borges, continuó su senda pero con voz propia y sin caer en la imitación pobre, lo cual es ya de por sí, muy difícil. Las ciudades invisibles, Los amores difíciles y Nuestros antepasados, son otras de sus grandes obras.

 

6) Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov o lo que es lo mismo: la elegancia y el estilo personificados. Este aristócrata ruso que vivió exiliado en varios lugares de Europa y EEUU, creó un universo propio basado en la observación minuciosa de la vida y las relaciones entre los humanos, aderezado todo con un humor negro bastante particular. Para él lo único que contaba en la literatura era el estilo, algo que llevó hasta la excelencia. Condenado a ser un escritor en las sombras, no fue hasta su llegada a Estados Unidoscuando cosechó por fin, el reconocimiento que merecía con Lolita, su novela más famosa y controvertida. Como dato interesante decir que aparte de escritor, también fue entomólogo ya que amaba las mariposas.

Pálido fuego, Ada o el ardor, El ojo, Pnin Risa en la oscuridad, son otras de sus grandes novelas.


7) Edgar Allan Poe

 

El señor Poe casi no necesita presentación. Probablemente es uno de los escritores que más influencia ha ejercido en la historia de la literatura de terror. Poe revitalizó el genero alejando sus historias de los clichés góticos y románticos, centrándose en una dimensión más psicológica para alcanzar cotas de terror inimaginables en su época y que aún resuenan con mucha fuerza en la nuestra. Además también fue el creador de dos géneros tan importantes como la ciencia ficción y el relato detectivesco.

Entre sus relatos hay obras maestras del terror como: El pozo y el péndulo, El entierro prematuro, La caída de la casa Usher, Ligeia, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, El tonel de amontillado… También es destacable su extraña e inconclusa novela Las aventuras de Arthur Gordon Pym, continuada años más tarde por dos de sus mayores fans: Jules Verne y H.P. Lovecraft.

 

8) Franz Kafka

Kafka fue uno de los pioneros en la mezcla de elementos realistas y fantásticos. Para mi es sinónimo de surrealismo y ansiedad, sus relatos y novelas pueden llegar a ser agónicos y sus personajes parecen atrapados en bucles de repetición infinita. Leer a Kafka es agotador, pero siempre muy gratificante. Incomprendido en su tiempo, le debemos mucho a su amigo Max Brod que no hizo caso a la última voluntad de Kafka y no destruyó sus manuscritos, si no que los sacó a la luz, para que las generaciones posteriores pudieran disfrutar del genio de uno de los escritores más originales que ha dado la historia de la literatura.

El castillo, El proceso y La transformación son tres obras fascinantes y desquiciantes a partes iguales.

 

9) Jules Verne

El bretón Jules Verne es uno de los grandes escritores de la literatura universal. Junto con Stevenson y Dumas sembraron en mi infancia la semilla del amor por la lectura. Aún recuerdo el impacto que sentí al leer por primera vez Viaje al centro de la tierra, La isla misteriosa Veinte mil leguas de viaje submarino, las trepidantes aventuras del Capitán Hatteras o Miguel Strogoff o el misterio que encerraban El castillo de los Cárpatos y La esfinge de los hielos. Verne era un narrador nato, miembro de esa estirpe de unos pocos elegidos que sabían como contar una buena historia.

Poseedor de una magnífica imaginación y de una desmesurada hambre de conocimientos científicos y geográficos, “profetizó” de alguna manera una gran cantidad de adelantos tecnológicos, que en su época sonaban a ciencia ficción pero que en la nuestra son ya una realidad cotidiana. Solo por eso y por la gran calidad de sus escritos, merece ser un escritor leído y releído y no solo por un público infantil y juvenil, que es donde ha sido injustamente relegado. Para terminar un detalle que habla de la vigencia de su obra, según la UNESCO Verne es el segundo autor más traducido del mundo, solo por detrás de Agatha Christie.

 

10) Roberto Bolaño

Al chileno Roberto Bolaño se le conoce principalmente por sus extraordinarias novelas, aunque lo cierto es que tenía alma de poeta, pero de poeta maldito y esto se reflejó en su vida, en la que en muchos momentos llevó una existencia paupérrima y oscura. Todo esto se proyecta en las vidas de los personajes que pueblan sus novelas. Mujeres y hombres derrotados e instalados en ocasiones en la locura o arrastrados irremediablemente por el destino. Es uno de los autores con los que más conecto, pero tengo que leerlo en pequeñas dosis.

Los detectives salvajes, 2666, Estrella distante o Nocturno de Chile son algunas de sus obras maestras.

 

Bueno pues hasta aquí mi lista, se han quedado en el tintero escritores como: Quiroga, Kipling, Dostoyevski, Buzzati, Schwob, Bierce, Twain, Pessoa, Hoffmann, Meyrink, García Marquez, Tolstoi, Maupassant, Céline, Proust, Ginzburg, Asimov, Lovecraft, Schulz, Yourcenar, Joyce, Steinbeck, Eudora Welty, Woolf, Wilde, Pavese, Piglia, Dinesen, Conan Doyle, Carpentier, Machen, Turguenev, Lem, Orwell, Baroja, Perec, Chandler, Bulgakov, Nemirovsky, London, Shakespeare, Thomas Mann, Fuentes, Mutis, Quintero, Hammett, Bioy Casares, Zweig, Márai, Rulfo, Garro, Babel, Ocampo, Ashton Smith, Bashevis Singer, Blackwood, Capote, Valle-Inclán, Eco, Gogol, K. Dick, Onetti, Arreola, Hemingway, Flannery O’Connor, Bradbury, Pizarnik, Dumas, Stevenson, Galdós, Balzac, Robert E. Howard… la lista sería interminable.

Me encantaría conocer cuáles son vuestros escritores y escritoras favoritos, ya sabéis que podéis dejarme comentarios por aquí abajo. ¡Un saludo!

 

 

 

Aleister Crowley vs W. B. Yeats – Guerra de magos

¿Una guerra de magos? De un elemento como Aleister Crowley uno se lo puede esperar, pero cuesta más creer que uno de los poetas más reputados del siglo XX como fue William Butler Yeats, estuviera metido en estos fregados. Pero sí amigos, al irlandés también le iba la marcha “mágica” y lo curioso es que poca gente sabe que usaba esta magia para inspirarse y dar forma a su poesía.

La era de la magia.

Desde mediados del siglo XIX hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, occidente vivió una época de efervescencia ocultista sin par en la historia. Las sociedades secretas de corte esotérico y las nuevas doctrinas aparecieron como hongos por todo el hemisferio, cuyos epicentros eran París, Londres y Berlín, atrayendo a multitud de personajes, algunos de ellos muy relevantes para el devenir de la historia que estaba aún por escribirse.

La búsqueda de la iluminación.

Helena Blavatsky

Entre toda esta pléyade de sociedades, la que lo “petaba” era Helena Blavatsky con su teosofía, que promulgaba que el conocimiento de Dios se podía alcanzar sin necesidad de una revelación divina, vamos, un “háztelo tú mismo” en toda regla. La ucraniana se convirtió en una celebridad gracias a sus enseñanzas y a su aura de misticismo sobrenatural, aunque para otros tan solo fue una charlatana más. Sea como fuere, sus doctrinas influyeron de alguna manera en Crowley y Yeats, cimentando su fe en lo oculto.

 

Un amanecer dorado.

En 1887, tres francmasones fundaron la Orden Hermética de la Aurora Dorada, una sociedad secreta dedicada al estudio y practica de la magia, ocultismo, cábala y fenómenos paranormales entre otras cosas. Se organizaba jerárquicamente como una logia masónica y pronto atrajo a varias celebridades de la época como Arthur Conan Doyle, Arthur Machen, Bram Stoker, Maud Gonne o Arthur Edward Waite y por supuesto a nuestros dos protagonistas, que accedieron a la misma bajo los pseudónimos de “Frater Perdurabo” (Crowley) y “Demon est Deus Inversus” (Yeats) y aquí es cuando la cosa empieza a ponerse interesante e inverosímil.

 

Odio a muerte.

¿Qué suele pasar cuando hay muchos gallos en un corral? Pues que se acaban matando entre ellos. Esto es lo que pasaba con estos dos personajes. Crowley era un tipo muy turbio, le gustaba usar sus poderes para hacer el mal y satisfacer sus instintos mas bajos, vamos, que le iba la magia negra. Todo lo contrario que a Yeats que era un devoto estudioso y creía que la magia podía ser un catalizador que potenciara su imaginación y le permitiera conectar con sus daimones de una manera continua, algo parecido a tener un pase VIP a ese océano lleno de imágenes del inconsciente colectivo del que hablaba Jung.

Envidias y desprecios varios.

W. B. Yeats

Por si fuera poco Crowley se sentía despreciado artísticamente por Yeats. En su biografía cuenta como en una ocasión le presentó su último libro de poemas y el irlandés, que era un poco prepotente, los leyó por encima y le trató con mucha condescendecia. Lo cierto es que a Crowley se le daba mejor escandalizar y hacer el mal que escribir. Para mi gusto su ficción no es que sea de una alta calidad a excepción de El testamento de Magdalen Blair, uno de los cuentos más terroríficos que he leído. Así que las cosas empezaron a ponerse feas cuando Crowley quiso ser iniciado en el núcleo de la orden, donde podría tener acceso al conocimiento secreto. Yeats y otros pensaron que con sus malas artes podía provocar una catástrofe, así que decidieron pararle los pies.

La batalla de Blythe Road (1900).

Ya hemos llegado al meollo de la historia. Crowley enterado de que sus compañeros no le iban a dejar iniciarse, decide tomar por asalto el templo de Isis-Urania de la orden en Hammersmith, Londres. Instruido por uno de los fundadores, vestido de escocés y armado con sus “armas mágicas” entró en las dependencias lanzando conjuros y haciendo el símbolo del pentáculo invertido con las manos, mientras recorría el edificio con el objetivo de conquistar el sanctasanctórum, donde le esperaban Yeats y otros dos magos blancos, que por toda magia usaron su pies para patear a Crowley escaleras abajo, hasta que huyó.

Un intento de “magicidio” frustrado.

Aleister Crowley

Crowley no se dio por vencido y pronto Londres estuvo bajo su oscura influencia, infestándola mediante misas negras y corrompiendo a inocentes, como la artista Althea Gyles a la que hechizó con sus malas artes. Gyles que era amiga de Yeats, acudió a éste para que le ayudara; el irlandés le dijo que solo necesitaba un poco de sangre del mago negro para crear un hechizo que la liberara y de paso destruir a Crowley. La joven solo pudo conseguir un pelo, pero bastó para crear el conjuro y durante nueve noches Crowley sufrió la visita de una especie de súcubo que lo paralizaba y le succionaba la sangre, sin que ni siquiera sus hechizos pudieran invertir la situación. Crowley, en vista que se le iba la vida acudió a otro brujo en busca de ayuda y éste le dijo que esa misma noche cuando se manifestara el vampiro, debía agarrarlo por el cuello y asfixiarlo hasta que desapareciera, siguió su consejo y se libró por los pelos del “magicidio”. Ciertamente una historia de lo más fascinante e inverosímil.

Conclusión.

Tras este episodio nuestros dos protagonistas no volvieron a cruzar espadas. Yeats siguió estudiando magia y perfeccionado su poesía hasta alcanzar niveles sublimes. Además de contribuir a la independencia de su Irlanda natal, fue condecorado con el Nobel de literatura en 1923. Por su parte Crowley, siempre envuelto en escándalos, se auto-proclamó “La gran bestia 666”. Creó su propia religión: Thelema, cuya máxima es “Haz tu voluntad: será toda la ley”. Ejerció de espía entre otros menesteres y con el paso de los años se convirtió en todo un icono de algunos movimientos esotéricos New Age. En definitiva, dos grandes magos, cada uno en lo suyo.

Hasta aquí la entrada de hoy, espero que os hayáis divertido con esta curiosa historia de magia y luchas de poder, que más parece sacada de El señor de los anillos o de Harry Potter que de la vida real.
Por cierto, hay otra versión de la historia que cuenta que lo único que hizo Crowley fue acudir una mañana temprano al templo, cambiar todas las cerraduras e incluir su nombre en la lista de los iniciados. Aunque un par de días después Yeats y compañía hablaron con el casero que les alquilaba el edificio y volvieron a cambiar las cerraduras, amenazando a Crowley con acciones legales si no se retiraba, tras lo cual éste no volvió a intentarlo. Es una historia menos divertida, pero nunca sabremos cuál de las dos fue la real.

¡Espero vuestros comentarios!.

 

 

Henri Rousseau, el pintor que no sabía pintar

Bueno, pintar sí que sabía pintar, pero con un estilo tan primitivo e infantil que según quien lo mire, podría resultar cómico o incluso lamentable. Lo cierto es que Henri Rousseau fue ridiculizado en vida debido a que era un pintor autodidacta, no tenía formación académica de ningún tipo. Pero a la larga ese estilo tan peculiar le convirtió en todo un referente dentro de las vanguardias de principios del siglo XX; más bien podríamos afirmar que él fue una vanguardia en sí mismo.

 

El aduanero.

Se sabe muy poco de la vida personal de Rousseau antes de su llegada a París, puesto que él mismo se encargó de crear ese misterio inventándose parte de su vida para darse importancia. Pero lo que sí sabemos es que nació en Laval en 1844, que tuvo una infancia bastante dura, rozando la indigencia en Angers y que a los 24 años se trasladó a París, donde se casó y consiguió un empleo de recaudador de impuestos en la oficina arancelaria, de ahí su apodo de “El aduanero”.
Desempeñó este trabajo hasta 1893, cuando decidió que ya podía vivir de su arte. Lo cierto es que se equivocaba puesto que en muchas ocasiones tuvo que vender sus cuadros en la calle o dar clases de violín para poder subsistir.

 

Autodidacta.

La clave del éxito de Rousseau estriba paradójicamente en su nula formación académica, vamos, que el tipo era un auténtico desastre a nivel técnico. Era incapaz por ejemplo, de pintar caras o de colocar figuras correctamente sobre un plano, todas sus pinturas tienen un aire infantil y naíf mas propio de los intentos por dibujar de un niño, que de un adulto. Pero quizá sea por eso por lo que atraen y fascinan, por esa frescura e ingenuidad, además su colorido es espectacular. Sus escenas selváticas llenas de exuberante vegetación y animales al acecho son sencillamente geniales, incluso se ha contado en una de sus pinturas hasta 48 tonos distintos de verde, todos ellos muy bien definidos y combinados.

“La encantadora de serpientes” (1907), Musée d’Orsay, Paris.

Rousseau nunca salió de Francia, así que para poder pintar esas escenas de frondosas selvas tiró mucho de imaginación, pero también de un exhaustivo trabajo de documentación, libros, fotografías de junglas, bosques y animales salvajes. Además era un asiduo del zoológico y del jardín botánico de París, donde cuenta que se maravillaba paseando entre todas esas especies exóticas de plantas. Aunque él siempre contó una versión totalmente distinta (y falsa), la de que adquirió sus conocimientos siendo soldado en México en la expedición militar francesa de apoyo a Maximiliano de Habsburgo.

“Tigre en una tormenta tropical” (1891), National Gallery, London.

Estas escenas tropicales son realmente cautivadoras, el salvaje cromatismo, la frondosidad y la gran variedad de plantas y animales le dan un toque psicodélico, incluso sinestésico, no en vano el mismo Kandinsky además de considerarle uno de los padres del nuevo realismo y un referente del arte moderno, dijo de él que había llegado a un estado emocional puro en el arte y que sus pinturas “emanaban uno de los sonidos mas especiales que jamas había escuchado”.

“La gitana dormida” (1897), MoMA, New York.

Aunque la intención Rousseau era pintar cuadros realistas, su particular estilo y pocos conocimientos le llevaron a crear obras de corte surrealista aún sin quererlo; La gitana dormida, es su máximo exponente. Es una escena muy onírica (para algunos clara precursora del surrealismo), que influyó en grandes como Ernst, Magritte o Delvaux entre otros.

“La guerra” (1894), Musée d’Orsay, Paris.

Veinte años después del final de la guerra franco-prusiana, Rousseau pintó La guerra. En ella vemos una escena dantesca, una mujer que parece la encarnación de Belona, la diosa romana de la guerra, cabalga sobre una especie de caballo monstruoso, que parece volar sobre un grotesco mar de cadáveres mutilados y descompuestos, mientras los cuervos se dan un festín en un paisaje del que la muerte se ha enseñoreado completamente. A nivel técnico es una chapuza, pero a nivel visual tiene una fuerza arrolladora. Pues bien, esta pintura fue adquirida en su día por Pablo Picasso y estoy segurísimo de que si no hubiera contemplado esta carnicería, no habría pintado nunca su famoso Guernica, ni habría desarrollado el cubismo, ya que para ello tomó de Rousseau la redefinición del espacio pictórico, ordenando los elementos desde el fondo hasta el primer plano, como si de collages superpuestos se trataran.

“Vista de la Ille de la Cité” (1890), Ackland Art Museum, Chapel Hill.

La relación entre Picasso y Rousseau fue bastante curiosa. Cuenta la historia que en 1908, paseando un día por la calle, el malagueño se encontró a nuestro protagonista vendiendo sus cuadros y se acercó a él con la intención de comprarle uno, además se le ocurrió invitarle a un banquete en su honor, una especie de homenaje/mofa con toda la créme de las vanguardias de la época. Rousseau aceptó el convite y al día siguiente acudió al Bateau Lavoir a una celebración que tuvo mucho de la hilaridad de La cena de los idiotas. Rousseau que se comportaba como si realmente fuera una celebridad, le comentó a Picasso tras varias copas “nosotros dos somos los pintores más grandes de nuestra época, tú en el estilo egipcio y yo en el moderno” y es que al parecer el español había declarado en una ocasión con sorna “si este señor hace arte moderno, lo mío debe ser arte egipcio”. Nunca sabremos si quiso devolvérsela o si en su aparente ingenuidad, se tomaba todo a bien, ironías y comentarios hirientes incluidos.

“Noche de carnaval” (1886), Philadelphia Museum of Art, Philadelphia.

Rousseau fue un incomprendido en su época, y por ello pasó desapercibido muriendo en la pobreza más absoluta en 1910, fue enterrado en una fosa común, pero días después de su sepelio varios de sus amigos organizaron una colecta entre los artista de Montmartre para darle un entierro digno al que solo asistieron siete amigos, entre ellos el poeta Guillaume Apollinaire, que escribió un bello epitafio para que Constantin Brâncusi lo esculpiera en su lápida.

“El sueño” (1910), MoMA, New York.

Días antes de su muerte, Rousseau había acabado de pintar la que quizá sea su obra maestra: El sueño, una bellísima pintura donde se resume todo su arte, exuberancia, colorido, vivacidad, onirismo, frescura y sobre todo pureza.

Rousseau demostró que la perseverancia y el amor al arte están por encima de todo; se obstinó en ser artista a pesar de sus limitaciones y las devastadoras críticas; influyó en cubistas, surrealistas y fauvistas; cumplió su sueño con honestidad y al final, esa pasión tuvo premio: la inmortalidad.

“Yo mismo: Retrato-paisaje” (1890). Národní galerie v Praze, Praha.

Y hasta aquí la entrada de hoy, espero que hayáis disfrutado con ella. Me gustaría conocer vuestras impresiones, ¿Qué os parece interesante de Rousseau? ¿A quién os recuerda? ¿Os gusta este formato?. Ya sabéis que vuestros comentarios, al igual que vuestras sugerencias son siempre bien recibidos, me sirven para seguir aprendiendo y mejorando.

Por cierto, en este link podéis ver la práctica totalidad de las obras del artista.

Tres pinturas de René Magritte

Hace tiempo que medito sobre cómo puedo ampliar los horizontes de esta web, hasta ahora solo he comentado libros, pero me siento estancado y la falta de variedad me aburre, de ahí mi poca actividad reciente. Así que he decidido hablar de otros temas que me apasionan, como la pintura y para comenzar, no se me ocurre mejor manera que comentar tres pinturas de uno de mis artistas favoritos; René Magritte.

No soy ningún experto en arte, así que no voy a cometer la osadía de comentar los aspectos técnicos de estas pinturas, más bien voy a intentar plasmar en palabras las sensaciones que me inspira su contemplación, sensaciones por otra parte siempre cambiantes e interesantes en un plano introspectivo.

Siempre me ha fascinado el hecho de que cuando observamos una pintura, la entendemos a varios niveles, el principal es el visual, nos puede gustar o no, eso es cuestión de gusto, pero el arte tiene la capacidad de activar resortes en nuestra mente que van más allá de lo meramente visual, una pintura nos puede gustar a simple vista pero a la vez perturbarnos profundamente o puede no gustarnos estéticamente y sin embargo proporcionarnos cierta sensación agradable o directamente no decirnos ni hacernos sentir nada. Supongo que todo depende de la percepción, del contexto sociocultural del observador, de su estado de ánimo o de si tiene o no sensibilidad artística.

Pero creo que hay un nivel todavía más profundo y es un nivel en el que se entrelazan la intención del artista al crear la obra y nuestras sensaciones y emociones más personales. Se crea una especie de lenguaje inconsciente propio e inteligible solo para nosotros, pero que quizá sea el que nos comunique con el artista, el que conecte con sus emociones. Al final, una pintura, una escultura, un libro o una sinfonía musical, son espejos en los que se enfrentan el creador y el observador, espejos donde también nos observamos a nosotros mismos partiendo de la experiencia del otro, pero siempre permeada por la nuestra.

Quizá sea ese lenguaje propio que nos permite analizarnos de manera inconsciente, el que hace que cuando quieras explicar qué te ha hecho sentir una obra de arte, te resulte difícil hacerlo, puesto que es algo tan críptico que no encuentres palabras. Quizá este lenguaje que subyace más en lo inconsciente y en lo puramente subjetivo y personal, un lenguaje en el que se entremezclan lo emotivo y lo sensorial, sea el verdadero lenguaje del arte, y es con este lenguaje con el que quiero intentar hablaros hoy, cuando analice estas tres obras de René Magritte que tanto me gustan.

Surrealismo cotidiano.

Magritte me atrae porque su arte es muy particular, su surrealismo es distinto al de sus coetáneos, no necesita crear criaturas salidas del mundo onírico ni paisajes extraños para expresar sus ideas, su surrealismo es muy cotidiano, toma elementos simples y los transgrede totalmente, nos invita a desafiar la realidad de lo común, es además de pintor, un poeta y un filósofo de las imágenes.
En “La traición de las imágenes” una de sus pinturas más famosas, nos presenta una pipa y nos dice que no es una pipa, lo cual es cierto porque no es una pipa, es la imagen de una pipa, una idea que no es el objeto en sí, pero también es una pipa, aunque nadie podría fumar en esa pipa, por lo tanto no lo es… podríamos seguir así horas debatiendo, atrapados en este bucle infernal, Magritte no solo juega con las imágenes, sabe del poder del lenguaje y lo usa inteligentemente, por ello no titula sus obras al azar.

Sus pinturas representan objetos y situaciones normales: una manzana, un pájaro, una casa iluminada por una farola, una puerta o un hombre con sombrero, pero realmente ¿estamos viendo lo que creemos que estamos viendo?. Da la sensación de que Magritte nos invita a observar con la mirada de un niño, una mirada para la que todo es nuevo y nada ha sido aún asimilado ni nombrado, un mundo virgen en el que lo extraño y mágico también tiene cabida y en el que las leyes naturales y la percepción son susceptibles de ser transgredidas y distorsionadas constantemente. Me recuerda mucho a Borges y a Cortázar en su facilidad para introducir y normalizar lo imposible en la vida cotidiana y viceversa.
En definitiva, Magritte nos invita a que cuestionemos la realidad, ya que nunca podemos estar seguros totalmente de lo que estamos viendo, quiere que dudemos de la realidad para poder redescubrirla y para ello es mejor dejarse llevar e imaginar, él habla con su propio lenguaje críptico-visual y del observador depende conectar y entenderlo o no.

Para no ser reproducido (1937).

Esta obra, también conocida como Reproducción prohibida me fascina, recuerdo que la primera vez que la vi, me quedé impresionado por la idea de un espejo que reflejara lo irreflejable, que no nos permitiera nunca observarnos de frente. Es una pintura falsamente realista, hay un espejo, un libro de Edgar Allan Poe y un hombre mirándose, todo muy realista, pero es ese mismo espejo el que distorsiona la realidad, la falsea. Todo se refleja tal y como esperamos salvo el hombre, es inquietante y fascinante a la vez. Si para nosotros es impactante, imaginemos que puede sentir el protagonista, que no solo no puede verse reflejado, sino que ve lo que vería si tuviera un espejo a su espalda. Perturbador cuando menos.
El título también es ciertamente evocador, nos dice que no hay reproducción posible, paradójicamente mostrándonos a la vez la importancia y la irrelevancia del “yo”, con un reflejo denegado y una prohibición.
Magritte destruye la realidad con un simple espejo que actúa como metáfora de que realmente en esta vida, todo son reflejos, opiniones o influencias, que además parten de un punto de vista subjetivo, por lo tanto no existe lo genuino, no se puede reproducir lo que no existe, de ahí el título.
Cuando nos miramos a un espejo y éste nos devuelve el reflejo, realmente lo que vemos es un “yo”condicionado por nuestra experiencia vital, por la idea que tenemos de nosotros mismos y la que creemos que otros tienen de nosotros y también por nuestros complejos, percepciones, prejuicios… Creo que nunca podemos vernos tal y como somos realmente, nunca podemos ver nuestra verdadera esencia, porque esa esencia es irreproducible.

La voz del espacio (1931).

Lo primero que me vino a la cabeza al ver esta pintura fue: OVNIS, el título incluso tiene ecos alienígenas. Después descubrí que esas esferas son cascabeles y me parece curioso que sean estos objetos tan inocuos y ruidosos los que estén representados, porque para mí, esta pintura proyecta un silencio ensordecedor. Parecen tres esferas que han aparecido de la nada y que han distorsionado el tiempo y el espacio de tal manera, que todo se ha congelado y esa sensación de inmovilidad es perturbadora, como la calma antes de la tormenta. Además hay un gran contraste entre ese paisaje tan verde y la luminosidad del cielo, con esas esferas plateadas tan ominosas y en cierto modo amenazantes. No sé cuál era la intención de Magritte a la hora de pintar este cuadro, pero a mí me deja una sensación de desasosiego.

Existen al menos otras tres versiones de esta pintura, una de ellas es todavía más perturbadora, puesto que es una escena nocturna, las esferas se recortan difusamente contra un cielo negro y parecen aún más enigmáticas y amenazantes.

 

Los misterios del horizonte (1955).

También conocida como La obra maestra, es mi pintura favorita de MagritteEs muy enigmática, en ella aparecen sus archiconocidos hombres con sombrero, pero en esta pintura tengo la sensación de que los tres son el mismo personaje, que aunque comparten espacio, son de realidades o dimensiones distintas, pero que se han solapado. También el hecho de que todos encaren direcciones distintas y que tengan la misma media luna sobre sus cabezas, acrecienta la sensación de extrañeza y de que existen en dimensiones paralelas, no siendo además conscientes de la existencia de sus “dobles”.
Me parece una forma muy ingeniosa de representar simultáneamente tres dimensiones idénticas pero ligeramente distintas.

 

Lo cierto es que se me han quedado varias cosas en el tintero, pero es difícil plasmar con palabras ciertas emociones y sensaciones, así que quizá lo deje para otras reseñas.  Y a vosotros… ¿qué os ha parecido? ¿qué habéis experimentado al observar estas pinturas?. Podéis dejarme un comentario aquí o en la página de Facebook o en Instagram, serán siempre bien recibidos.

 

 

 

 

 

Viaje al fin de la noche – Louis Ferdinand Céline

Misantropía, horror, incomprensión, decadencia, muerte, desesperación… Todo esto y más, va a encontrar el lector que se atreva a seguir a Bardamu en su viaje al fin de la noche.

Una noche en la que el protagonista va disolviéndose lentamente, una noche poblada por personajes extraños y decadentes, tanto como los espectrales lugares que recorren bajo una luz crepuscular en la que nada parece real. Una noche eterna en la que habitar tiene un peaje; la cordura y el alma de uno mismo. La desesperación que se infiltra día a día irremediablemente hasta vaciarle a uno por dentro, convirtiéndolo en un fantasma errante, desarraigado, sintiéndose un extranjero incluso en su propia casa, sufriendo y regocijándose en la miseria. Muerto en vida pero a la vez muy consciente de todo.

La peor de las maldiciones.

«La mayoría de la gente no muere hasta el último momento, otros empiezan veinte años antes y a veces más. Son los desgraciados de la tierra.»

Hacia mucho tiempo que no caía en mis manos una obra de este calibre, leerla es como recibir una patada en la cabeza, te sacude fuerte y te deja aturdido. Es difícil empatizar con un tipo como Bardamu, pero el autor lo consigue y no por sentir lástima o compasión de una vida tan triste y oscura, si no porque me he visto reflejado en él, me he visto reflejado en algunas de sus opiniones y críticas, me he visto al igual que Bardamu pasando por la vida de lado, sin hacer mucho ruido, perdido y sobre todo solo en muchos momentos, pero una soledad de la que se disfruta y hace crecer, una soledad a la que uno se acostumbra porque como dice el refrán, «mejor solo que mal acompañado«.

Viaje al fin de la noche eterna

Viaje al fin de la noche (Voyage au bout de la nuit) publicada en 1932, no solo es una gran novela, es una declaración de intenciones y una brutal crítica al genero humano, desde la sinrazón de la guerra y el colonialismo a la mezquindad de las relaciones personales y el surrealismo cotidiano.

La incisiva mirada de Bardamu (alter ego del autor Louis-Ferdinand Céline) no deja títere con cabeza. Céline dispara a matar con balas de cañón en su eterna huida, pues se pasa la vida huyendo de todo, incluso de si mismo, huye porque no le gusta lo que ve, lo que siente, huye porque no se gusta, pero sobre todo, huye porque esta maldito. Tiene la maldición de estar «despierto» entre tanto borrego que solo se limita a existir y caminar lentamente hacia el matadero, pero Bardamu (o Céline) no se da cuenta de que él también camina hacía ese matadero, solo que por otro camino más solitario y duro.

El tormento de estar «despierto» es ver la realidad sin artificios y sentirte muy solo porque nadie te comprende, es estar condenado porque ya no puedes cerrar los ojos y dejarte llevar como hace el resto, es querer huir de tu propia sombra para al final darte cuenta de que nunca se va a despegar de ti.

«A medida que te quedas en un sitio, las cosas y las personas se van destapando, pudriéndose y se ponen a apestar a propósito para ti”.

El enfant terrible de las letras galas

Céline es uno de esos autores malditos y vilipendiados por la crítica, durante años fue un paria a pesar de la innegable calidad de sus obras. Parte de este escarnio público fue debido a sus ideas políticas, ya que durante la II Guerra Mundial simpatizó con los nazis y el régimen de Vichy y no ocultó nunca su antisemitismo.

Céline es un quebradero de cabeza porque no es alguien que pueda ser domado por la «corrección política», esa enfermedad social que nos asola desde hace muchos años. Tengo la sensación de que el problema con este autor es más una cuestión de hipocresía que otra cosa, para los franceses tiene que ser muy difícil de aceptar, que uno de los mejores prosistas que ha dado el siglo XX, fuera un filonazi antisemita y por lo tanto un personaje muy incómodo para los adoradores de lo políticamente correcto que dominan los estamentos de la cultura. Para todos estos académicos y críticos tiene que ser muy duro reconocer públicamente la grandeza literaria del autor, aunque muchos lo adorarán en secreto, de eso estoy seguro.

Céline es un nihilista que no tiene pelos en la lengua, no es prisionero de tabúes, usa un lenguaje barriobajero y soez y tiene una visión del mundo decadente y realista. Céline es un monstruo con todas las letras, es el coco, Céline da miedo porque no se arrodilla ante nadie y sobre todo es libre y todos anhelamos eso ¿no?, la libertad total.

Este enfant terrible de las letras galas, fue rescatado por varios autores de la generación Beat, como Allen Ginsberg y William S. Burroughs que reconocieron su influencia e incluso viajaron a Francia para conocerle. También influyó en Kurt Vonnegut, Henry Miller, Jean-Paul Sartre, Jack Kerouac y Charles Bukowski, que le rindió homenaje en Pulp, su última novela.

Una obra maestra

Viaje al fin de la noche es una más que recomendable novela, no apta para todos los públicos, no está escrita para pasar un buen rato y desconectar, hay mucho para leer entre lineas y reflexionar, pero si le das la oportunidad y te sumerges en sus páginas puede que la recompensa sea mayor de lo que crees.
Atrévete con ella, una cosa es segura, no te va a dejar indiferente.

Es una jodida obra maestra.

«Somos, por naturaleza, tan fútiles, que solo las distracciones pueden impedirnos de verdad morir.»