La ilustre casa de Ramires – Eça de Queirós

Qué gran placer produce empezar un libro por casualidad y acabar descubriendo una pequeña joya de un gran autor.

Es un placer que sobre todo los bibliófilos y amantes de la literatura hemos experimentado alguna vez en nuestras vidas y he de confesar, que esto es lo que me ha ocurrido a mi con este libro del gigante de las letras portuguesas, José Maria Eça de Queirós, un libro del que me llamó la atención su título, aunque no su sinopsis y que empecé a leer sin pretensiones, para acabar enganchado, deleitándome con la historia y la prosa del autor.


La ilustre casa de Ramires (1900) quizá no sea la obra más conocida de Eça de Queirós, esta distinción se la llevan títulos como Los Maia, El crimen del padre Amaro El primo Basilio y sin poder compararla con estas, puesto que no las he leído, sí me atrevería a decir que es una obra madura, interesante y muy entretenida.

Es una novela que se encuadra dentro del realismo decimonónico y que nos cuenta la vida de Gonçalo Mendes Ramires, un decadente aristócrata rural, perteneciente a una de las casas más ilustres de Portugal y de sus intentos por escribir una novela sobre su familia.

Parece un argumento sencillo, incluso aburrido, pero una vez que nos sumergimos en la historia, vemos que hay mucho más, nos encontramos ante un personaje muy bien definido, lleno de contradicciones, puesto que es a la vez cobarde, vago y mentiroso, pero también bondadoso y decidido, un tipo culto y refinado con aspiraciones políticas, sobre todo para recuperar un poco el lustre para su apellido, ya que sus últimos antepasados lo han ido manchando y empobreciendo progresivamente, además gravitando a su alrededor encontramos toda una pléyade de personajes variopintos y curiosos, que hacen la historia más interesante y divertida si cabe. 


Como dije al principio, el protagonista tiene dos ambiciones, la primera es escribir una novela histórica titulada A torre de don Ramires, basada en las gestas de sus ilustres antepasados, entre todos ellos elige a Tructesindo, un señor feudal duro e implacable, del que decide contar un pasaje de su vida, esta suerte de metarrelato se va escribiendo a medida que transcurre la historia de Gonçalo, a la vez que sirve como contrapunto de esta, es un relato plagado de gestas heroicas, violencia y nobleza, que contrasta mucho con la vida del protagonista que la está escribiendo y su bajeza moral en pos de alcanzar el otro fin que ambiciona, ganar unas elecciones y obtener así una plaza de diputado que le permita recuperar el prestigio para su apellido y sobre todo réditos económicos.

Así que a lo largo de la novela asistimos a la caída del protagonista hasta tocar fondo, una suerte de muerte y resurrección figuradas. Vemos poco a poco la transformación del protagonista de un estado de cobardía continua, falsedad y miedo irracional a convertirse poco a poco en un personaje íntegro y sobre todo a sacar lo mejor de sí mismo, puesto que estaba acostumbrado a verse a través de los ojos de otras personas y no de los suyos propios, teniendo un concepto erróneo de su propia personalidad. Es un poco lo que nos pasa a todos a veces ¿no?, pensamos en qué pensarán los otros de nosotros y cómo nos verán y esto es un handicap para crecer y reafirmar nuestra verdadera identidad.

Al final de todo, Gonçalo se da cuenta de que es mucho más querido y respetado de lo que pensaba entre sus conciudadanos y que quizá no hubiera necesitado caer tan bajo, ni venderse para conseguir lo que ambicionaba. Otro gran error en el que caemos a veces, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar para conseguir lo que queremos? Gran lección.


La prosa de Eça de Queirós es maravillosa y elegante, lo que convierte la lectura en todo un deleite, puesto que la narración es dinámica y rápida. El interés por la lectura no decae en ningún momento, ya que la historia principal es bastante divertida y las andanzas de Tructesindo están llenas de acción y violencia.

Otra baza importante de la novela son los personajes secundarios, a cada cual más variopinto como dije anteriormente, entre los que destacan el juerguista Titó, el cantante de fados Videirinha, los criados Bento Rosa, Graça la hermana de Gonçalo y su inocente marido Barrolo y el antagonista André Cavaleiro, personaje por el que el protagonista sufre una profunda aversión, además muchos de ellos tienen su “doble” en el metarrelato histórico. Es admirable la capacidad del autor para dotar al entorno de personajes tan vivos y variados, todo un microcosmos rebosante de vida y muy realista.


También me gustaría destacar que en la novela hay un cierto deje de saudade, nostalgia de un Portugal que otrora fue un gran imperio, pero que en la época en la que fue escrita la novela estaba ya en pleno declive y era una mera comparsa en el tablero mundial, un poco lo que le pasó a España después del desastre del 98.

Portugal aún mantendría sus posesiones coloniales hasta 1975 cuando sus dos últimas provincias de ultramar, Angola y Mozambique se independizaron después de una cruenta guerra de varios años con la metrópoli. Y es precisamente a África donde va el protagonista de la novela, pero no voy a desvelar más detalles, eso es algo que tendrá que descubrir el lector que se anime a pasar unas horas de diversión con esta interesante historia.


Investigando para esta reseña me he topado con otro dato interesante, la torre a la que se hace alusión en la novela, no es una creación del autor, sino que existe en la realidad, es la Torre de Lagariça y se encuentra en el norte de Portugal, más concretamente en la población de São Cipriano de Resende, en el distrito de Viseu.

Después de ver unas fotos del lugar, parece ser un sitio que destila cierta atmósfera romántica y medieval, uno de esos sitios que tanto me gustan y que quien sabe, igual merece una visita en mi próximo vagabundeo por tierras lusas.

 

 

 

Bartleby, el escribiente

Acabo de releer Bartleby, el escribiente por tercera o cuarta vez en mi vida, una narración que me sigue fascinando como la primera vez y en la que sigo encontrando matices e interpretaciones distintas con cada lectura.

Es un relato muy interesante que creo, merece un buen análisis en profundidad y lo cierto es que para analizarlo podría hablar de las implicaciones filosóficas, psicológicas y sociales que he encontrado, podría hablar de la rebeldía de un hombre ante la sociedad, podría hablar de soledad, de depresión o de locura, también podría hablar de que quizá sea una proyección inconformista del autor o de los paralelismos que existen entre Bartleby y el narrador/empleador como si ambos fueran reflejos especulares o dobles psicológicos.

También podría hablar del efecto que produce el comportamiento de Bartleby en su jefe, que se devana los sesos intentando comprenderle pero sin conseguirlo, porque carece de las herramientas para ello.

Podría decir que la pasividad de Bartleby puede ser una denuncia ante un sistema que se dedica a usar a los individuos como si fueran máquinas, una especie de resistencia pasiva no muy bien vista en un sistema económico que necesita de la productividad y efectividad del trabajador, para obtener beneficios a cualquier precio a costa del tiempo vital del individuo.

Podría hablar de que esa resistencia pasiva es impensable e incluso perjudicial, ya que genera el rechazo de la mayoría, alienada y educada para servir y trabajar sin pensar mucho, ni cuestionarse nada y que esa rebeldía puede tener consecuencias en un sistema que castiga al librepensador.

Quizá Melville sintiera algo de todo esto cuando escribió el relato en 1853, quizá ya vislumbraba esa alienación y la abominación en la que se iba a convertir el capitalismo.

Podría aventurar que Bartleby quizá sea la personificación del último hombre libre, incluso podría hablar de la atmósfera absurda que envuelve a la narración y que me hace pensar que podría haberlo firmado el mismísimo Kafka, ya que me recuerda a su relato Un artista del hambre o al Wakefield de Nathaniel Hawthorne.

Podría hablar de muchas cosas pero… Preferiría no hacerlo.

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Cuentos selectos de Mark Twain

«Me gusta una buena historia bien contada. Por esa razón, a veces me veo obligado a contarlas yo mismo».

La cita de arriba puede parecer una afirmación muy pretenciosa, pero desde luego puedo confirmar que Mark Twain sabía contar buenas historias y lo hacía con ese estilo suyo tan característico, lleno de ironía y situaciones hilarantes y esto es precisamente lo que me he encontrado en esta antología de cuentos que os presento hoy.

Mark Twain todo un trotamundos.

Mark Twain, cuyo verdadero nombre era Samuel Langhorne Clemens, fue todo un personaje, que antes de escritor, fue aprendiz de tipógrafo, buscador de oro, periodista y piloto navegante en el río Mississippi, el seudónimo de Mark Twain viene precisamente de esa época de piloto fluvial y significa «marca dos», el calado mínimo para poder navegar de manera segura (3´6 metros).

Hombre de carácter divertido y espontáneo, fue un hombre de la frontera, acostumbrado a la vida en esas regiones en constante cambio y movimiento. Fue un viajero incansable y autor de varías guías de viaje como Guía para viajeros inocentes, Pasando fatigas, Un vagabundo en el extranjero y de novelas tan conocidas como Las aventuras de Tom Sawyer, Las aventuras de Huckleberry Finn Un yankee en la corte del rey Arturo.

Su faceta cuentística sin embargo, es más desconocida para el gran público y es una pena, puesto que cuenta con piezas de una gran calidad. Escritor poco convencional, Twain siempre estaba dispuesto a contar una buena historia, incluso en sus guías de viaje o ensayos de no ficción, alterna hechos reales con historias totalmente ficticias y probablemente lo hiciera porque se le ocurría la historia en ese momento y consideraba que valía la pena contarla, quizá también por ese carácter tan anárquico y espontáneo suyo, que se reflejaba en todos los aspectos de su vida, incluida su faceta de escritor y si no, sólo hay que echar un vistazo a su autobiografía, desordenada, caótica y llena de saltos en el tiempo.

Genio polifacético.

Antes de reseñar el libro, os contaré un par de curiosidades, Twain nació en 1835 durante el paso del cometa Halley y murió 74 años después con el retorno del cometa en 1910, tal y como el mismo vaticinó muchas veces.

Su curiosidad le convirtió en un gran aficionado a la ciencia y a la tecnología, patentó tres inventos: un álbum autoadhesivo para fotos, un juego para potenciar la memoria y los ganchos del cierre de los sujetadores.

Aunque no se pude decir lo mismo de su visión financiera, ya que acabó en bancarrota varias veces, una de ellas por invertir casi toda su fortuna en el invento de una máquina compositora que terminó siendo un fiasco.

También tuvo una muy buena amistad con Nikola Tesla, ese gran genio olvidado.

Todo un experto en las distancias cortas.

Cuentos selectos cuenta con 24 narraciones, todas de muy buena calidad, en las que abunda el tono humorístico y la sátira, lo que convierte a esta antología en una lectura muy divertida y fácil.

El estilo del autor y el ritmo que le imprime a la narración, no permiten que el interés por la historia decaiga en ningún momento, lo cual es admirable y le da ese toque de espontaneidad que al menos yo, aprecio mucho en una lectura.

Hay cuentos de todo tipo y entre todos ellos yo destacaría: La célebre rana saltarina del condado de Calaveras, que fue el primer relato publicado por Twain y también el que le hizo alcanzar cierta notoriedad a nivel nacional, en el que se cuenta la vida de un tipo al que le encantaba apostar por todo. Canibalismo en los vagones del tren, historia de humor negro, donde se narran las peripecias de un grupo de hombres atrapados en un tren sin nada que comer. El periodismo en Tennesse es un hilarante relato que narra de manera exagerada, el estilo de periodismo que se realizaba en aquel estado.

Un sueño extraño, donde mezcla la historia de fantasmas con cierta dosis de crítica. Un cuento medieval, historia sobre intrigas palaciegas con un final sorprendente que te deja perplejo y te arranca una buena carcajada. Como llegué a ser editor de un periódico agrícola, Una aventura curiosa El robo del elefante blanco, son tres relatos muy divertidos, que en algunos momentos rozan el surrealismo.

Pero mi favorito entre todos quizá sea El diario de Adan y Eva, una pieza magistral en la que a modo de diario, se narran los pensamientos de los dos personajes bíblicos donde no faltan el humor y la ironía en grandes dosis.

Un gigante de las letras.

Mark Twain es un tipo que me hubiera gustado conocer en persona, aunque sólo fuera para poder disfrutar de sus historias in situ, después de leer su biografía te das cuenta de que era una persona con una sed exagerada por la aventura y por adquirir conocimientos, con una mirada muy crítica hacia el mundo que le rodeaba y sobre todo con un humor afilado y certero.

Otra cuestión que me gustaría destacar es lo injusto que me parece que Twain haya sido relegado en los últimos tiempos a ser un autor enfocado al público juvenil, me parece genial que los jóvenes lean a este grandísimo autor, pero los no tan jóvenes no deberían dejar de leerlo, sus trabajos están llenos de sátira, crítica afilada y dobles sentidos, son obras atemporales que forman parte de la cultura literaria mundial.

Esta antología es una buena manera de acercarse a su obra, también existe una muy buena edición titulada Cuentos completos, en la que se recopila toda su narrativa breve y que es todo un deleite para los amantes de la buena literatura.

 

Llamadas telefónicas – Roberto Bolaño

«Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad».

Historias de perdedores, de amores imposibles y desamores, de poetas y escritores, historias cargadas de nostalgia y de dolor, recuerdos desteñidos, a los que el tiempo ha robado su color.

Así son las historias del chileno Roberto Bolaño, relatos que arrancan de manera trivial, como si el autor estuviera rememorando algunos episodios de su vida, a los que poco a poco va añadiendo detalles ficticios, quizá para hacer más llevadero el dolor o la carga que acarrean esos recuerdos.

En sus páginas abundan los personajes infelices y derrotados, abandonados ya a la desesperanza y al fracaso. Hombres y mujeres rotos, maltratados por la vida y por la gente que se ha cruzado en su camino, que se han instalado en el tedio o en la locura y parecen no querer luchar para cambiar las cartas, que el destino ha barajado para ellos.

Conecto mucho con Bolaño, esa melancolía, dolor y soledad que destilan sus escritos, activa algunos resortes en mi mente y en mi corazón y me deja tocado por unos días, por eso mis acercamientos a su obra suelen ser muy espaciados en el tiempo, pero siempre gratificantes a su manera.

Su estilo, simple y lleno de reflexiones, me contagia y muchas veces me sorprendo pensando, no en lo que me cuenta, si no en episodios de mi vida, que a veces tienen poco o nada que ver con lo que estoy leyendo, pero que por una suerte de empatía o analogía extraña o quizá alquimia literaria, parecen estar relacionados. Quizá sea porque habla de sentimientos, sensaciones y experiencias vitales que todos hemos pasado o pasaremos algún día.

En cualquier caso, este libro de relatos, si bien irregular en cuanto a calidad literaria, bordea la excelencia en el aspecto emocional y al final para mi es lo que importa, que me remueva por dentro y me haga crecer de alguna manera.

El libro consta de catorce relatos, algunos de marcado tinte autobiográfico y entre ellos yo destacaría: Sensini, Henri Simon Leprince, Una aventura literaria, El Gusano, Detectives y Vida de Anne Moore. Son cuentos cortos, así que no quiero comentar nada de ellos, para no desvelar las tramas.

Roberto Bolaño es uno de los grandes escritores latinoamericanos, que por desgracia se fue pronto, esperando un transplante de hígado que nunca llegó.

Nunca sabremos hasta donde habría llegado su genio de haber seguido con vida, lo que si es cierto es que nos dejó un buen puñado de obras maestras, como Los detectives salvajes, Estrella distante o 2666, para deleite de quien quiera acercarse a un escritor diferente, que de adolescente robaba libros de Camus, Rulfo y Pierre Louys en las librerías de México D.F. y que en algunos momentos de su vida llevó una existencia paupérrima, casi de poeta maldito, como esos que pueblan sus historias y que acaban por consumirse en su propio genio y fuego interno, pero que antes de desaparecer nos legan obras sublimes, de esas que trascienden el tiempo y el espacio.

«Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo. […] El primer enunciado es cierto, pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte».

Beltenebros

«Vine a Madrid para matar a un hombre a quien no había visto nunca».

Con esta frase tan contundente comienza Beltenebros, una novela negra escrita por Antonio Muñoz Molina en 1989. Beltenebros, nombre de resonancia quijotesca, oscuro y enigmático, tanto como la historia que aquí se nos presenta.

Una novela en la que nada ni nadie es lo que aparenta ser, una suerte de habitación llena de espejos, humo y claroscuros que no nos permite distinguir que es real y que es impostura.

Magistral prosa onírica.

Muñoz Molina nos introduce en la historia con una prosa extremadamente descriptiva, como si de una vieja película en blanco y negro se tratase, como si estuviéramos en un vetusto cine, sentados ante la pantalla observando la sucesión de imágenes creadas por el autor, en lugar de tener un libro entre las manos.

Una prosa cargada de melancolía y tristeza, como si al leer lo que aquí se nos cuenta, escarbara en las heridas y cicatrices que todos hemos ido acumulando a los largo de nuestras vidas y en la que afloran sentimientos que parecían enterrados. Preguntándonos si de verdad vivimos eso en algún momento pasado o sólo lo estamos imaginando.

Una prosa irreal, ambigua, onírica, como de sueño lúcido, en el que estamos rodeados de nuestros fantasmas y los de otros. Un sueño que a veces se convierte en pesadilla, cuando por un instante tenemos la certeza de que no estamos soñando, sino que estamos muy despiertos. Entonces el miedo y la desesperación se adueñan de nosotros porque todo es real, demasiado real.

Dicen que el pasado siempre vuelve y en esta historia no sólo se empeña en volver, sino que se enseñorea de manera brutal de las vidas de los que por ella transitan. Unos personajes que por momentos no pueden saber en que tiempo habitan, pues todo converge en un presente que parece que fue ayer y que por suerte o desgracia, nunca será mañana.

Un Madrid tenebroso y fantasmal.

Beltenebros es una novela muy negra, densa como el alquitrán, una vez que te atrapa entre sus pegajosas garras ya no puedes escapar. Te hace formar parte de la historia, convirtiéndote en espectador pasivo y lo ves todo a través de los ojos del capitán Darman, un antiguo oficial del ejército republicano, que vive en el exilio y que actúa como sicario para una organización comunista, de la que recibe el encargo de viajar al Madrid de la España franquista, para eliminar a un traidor.

Un viaje en el que se enfrentará cara a cara con los fantasmas y demonios de su pasado, mientras recorre los bajos fondos de un Madrid que le parece extraño y apenas reconoce, pues veinte años atrás decidió que era mejor arrojarlo al olvido.

Amor, odio, traición, locura, muerte, engaño, pasión, todo se entremezcla en un lugar y un momento plagado de personajes, que sólo son sombras y marionetas que bailan al son de un destino implacable.

El equivalente literario a una buena película noir.

Es mi primer acercamiento a Antonio Muñoz Molina y desde luego, puedo decir que no será el último, me ha cautivado ese estilo suyo y esa cadencia a la hora de contar la historia. Un estilo denso e intenso, hipnótico por momentos y con una opresiva y cinematográfica atmósfera, que me ha hecho devorar la novela en apenas día y medio.

Beltenebros es una novela negra de las buenas, de las que ya no se escriben, con mucha intriga, introspección y dilemas morales. Con personajes muy bien definidos y que al acabarla nos deja satisfechos, como una buena película noir; una de esas en blanco y negro, con antihéroes y personajes destruidos y donde tras cada sombra, acecha un asesino o peor aún, el pasado dispuesto a cobrarse la deuda pendiente.

 

Dersú Uzalá

En aquellos días de cuarentena y reclusión forzosa en casa, cuando no se podía salir, ni siquiera a dar un paseo por la calle o los bosques de los alrededores, descubrir por casualidad libros como este que reseño hoy, fue todo un placer y una válvula de escape contra la monotonía y el encierro. No pude salir de casa, pero en cambio me pasé cinco días vagando por los bosques y la taiga del lejano oriente ruso, acompañando a Arséniev y Dersú, en sus exploraciones y admito que fue toda una aventura.

Un clásico de obligada lectura en las escuelas rusas.

Dersú Uzalá es un clásico de la literatura rusa. Fue escrito por el militar y explorador Vladímir Arséniev en 1923 y relata las memorias de una expedición por la cuenca del río Ussuri y las montañas Sijoté-Alín en el extremo oriental del Imperio ruso en 1908. Expedición que sirvió para explorar y cartografíar toda esa región, que en aquel momento era prácticamente desconocida.

Un libro plagado de descripciones geográficas, zoológicas, botánicas y etnográficas, pero también lleno de pequeñas historias humanas del día a día de una expedición, que se va abriendo paso por un territorio inexplorado y muchas veces hostil, en lucha constante contra los elementos y lo que es más importante, lleno de profundas reflexiones del autor, nacidas de la observación. Unas reflexiones que destilan gran sensibilidad, maravillándose a cada paso ante el encuentro con una naturaleza bella e indómita y a la vez urgencia y tristeza por el futuro sombrío e incierto de esa naturaleza, que ya empezaba a ser explotada y destruida sistemáticamente.

Es ahora, poco más de cien años después de esa expedición, cuando estamos viendo toda esta devastación, muerte y extinción de innumerables especies provocadas por la falta de conciencia del ser humano y por este capitalismo devorador e insostenible que se ha enseñoreado del planeta, como un virus letal, quizá por eso es un libro de obligada lectura en las escuelas rusas.

 


La naturaleza como protagonista.

El libro tiene dos grandes protagonistas: uno es la naturaleza y todos los seres que viven en ella, tanto vegetales como animales, es fantástico ver la variedad y la exuberancia de todas esas especies y los encuentros de los exploradores con los animales salvajes, como el tigre del Amur. Encuentros que tienen algo de místico, algo trascendental, quizá es la manera que tiene la naturaleza de exigir respeto al ser humano, mediante esos señores del bosque a los que hay que temer y rendir pleitesía, puesto que encarnan todo lo que es el mundo natural: belleza y peligro, vida y muerte.

Quien se haya adentrado alguna vez en un bosque sabe muy bien de lo que hablo, a cada paso uno puede maravillarse, pero también puede ponerse en peligro si no está atento, la naturaleza es bella pero implacable.

Las detalladas descripciones de Arséniev nos permiten visualizar muy bien ese entorno en el que se van moviendo, la magnificencia de todo lo que encuentran, ya sea la majestuosidad de un animal o un paisaje, la sorpresa ante el descubrimiento de algo totalmente desconocido o el peligro que conlleva el desbordamiento repentino de un río o hallarse inmersos en una tormenta salvaje de varios días de duración. No deja de haber cierta belleza poética en todo ello, la toma de conciencia de que el ser humano es insignificante y ajeno a ese entorno, al que parece no estar conectado ya.

 

Dersú Uzalá: el hombre del bosque.

El otro gran protagonista es Dersú Uzaláun cazador nómada de la etnia Gold (Hezhen) que acompaña a la expedición en calidad de guía. Es un personaje bastante peculiar, todo un hombre de los bosques, que conoce su entorno como la palma de su mano, rastrea huellas, predice el tiempo, encuentra comida, todo un seguro de vida para Arséniev y los suyos.

Pero también es un hombre con conciencia, puesto que no mata indiscriminadamente, sino que caza lo necesario para subsistir, no destruye su entorno, sino que se adapta a él y toma lo que le puede ofrecer sin abusar. Además al ser animista cree que todo lo que existe tiene alma y está vivo, ya sea un árbol, una piedra, el agua del río o una hormiga, por lo tanto siente un profundo respeto hacía todo.

Por otra parte, su concepción del mundo y el universo es primitiva y básica, pero parece entender los mecanismos y leyes de la naturaleza muchísimo mejor que el resto de expedicionarios, que supuestamente son más cultos y sofisticados que él.

Una trágica historia de amistad.

A lo largo del libro nos vamos dando cuenta de que Arséniev siente un profundo respeto y cariño por la figura de Dersú, le parece un hombre fascinante del que puede aprender mucho, así que cuando este le confiesa que su vista se ha deteriorado por la edad y ya no puede cazar bien, Arséniev se da cuenta de que no puede dejarle en el bosque, una persona que depende de sus sentidos para subsistir en un entorno hostil se convierte automáticamente en una presa fácil, así que al acabar la expedición decide llevárselo a la ciudad con él.

Pero en Jabárovsk la vida no es fácil para Dersú, puesto que se siente como un animal enjaulado dentro de la casa, además no entiende que no pueda disparar su rifle o que la gente de la ciudad tenga que pagar por el agua o la leña. Así que una mañana decide coger sus cosas y marcharse otra vez al bosque y un par de semanas después Arséniev recibe un telegrama diciéndole que lo han encontrado muerto, asesinado por unos ladrones.

Triste colofón para esta bella historia de amistad y supervivencia.

El libro como fuente impagable de información

El libro está plagado de minuciosas descripciones de la flora, fauna y orografía. Esto puede resultar tedioso para el lector al que no le interesen estas cosas o esté acostumbrado a una lectura más rápida, pero no debemos olvidar que es un libro basado en el diario de una expedición, así que es comprensible que todos estos datos aparezcan. Por otra parte es una fuente impagable de información, que permite hacerse una mejor idea del entorno.

También hay detalladas informaciones sobre las etnias que habitaban la zona y sus problemas de convivencia, Udejeys, buscadores de oro coreanos, pescadores japoneses, bandidos chinos (Honghuzis), Tazás, colonos y viejos creyentes rusos (Raskólniki). Incluso se documenta algún que otro hecho inexplicable de tinte sobrenatural.

En definitiva, todo un tesoro de información de un mundo ya desaparecido pero no tan lejano en el tiempo. Un libro que nos permite enamorarnos una vez más de la naturaleza y concienciarnos de que su destrucción, es también la nuestra.

La cordillera Sijoté-Alín

La cordillera de Sijoté-Alín se extiende a lo largo de 900 km y cubre los Krai de Khabarovsk y Primorsky, de clima templado, esta cubierto por bosques y montañas cuyas cimas más altas son el Tordoki Yani (2077 mts), el Ko (2033) y el Anik (1933).

Hoy en día esta considerada como reserva natural y desde 2001 patrimonio de la humanidad por la Unesco. La caza y pesca están prohibidas, con el ánimo de proteger las especies que lo habitan, entre las que se cuentan el reno, el oso pardo, el tigre siberiano, el leopardo del Amur e innumerables especies de aves, insectos y plantas.



Kurosawa y su homenaje a Dersú Uzalá.

Como dato final, también me gustaría destacar que en 1975 el japonés Akira Kurosawa realizó una película sobre este libro. Película de culto hoy en día en la que el director supo reflejar con mucha sensibilidad la historia de amistad entre los dos protagonistas y su relación con la naturaleza y por la que ganó el Oscar al año siguiente. Todo un homenaje a Dersú Uzalá del que me gustaría hablar en el futuro.